Ewald caminaba de un lado al otro, parecía un león enjaulado. Se sentía molesto y muy frustrado por la actitud de Dominik. Estaba acostumbrado a que Weigand desapareciera de repente, pero jamás lo hizo antes de una rueda de prensa. Sabía que Dom se abrumaba de tanta farándula, pero apenas era el segundo encuentro del campeonato, era demasiado pronto para que se cansara. Quería mucho a su jugador estrella, era como un hijo, pues desde que tenía trece años estaba con él, apoyándolo a lo largo de su carrera. No obstante, no estaba dispuesto a soportar algo así, Dominik sabía que tenía una responsabilidad con el equipo, le gustara o no.
—Vas a abrir una zanja en el suelo —comentó Friedrich luego de algunos minutos a solas en la habitación del director técnico.
—Lo que deseo es abrirle la cabeza a Dominik, con una piedra —vociferó Ewald—. Esta vez no pienso pasárselo por alto. Podrá ser rebelde y dejarnos en medio de un entrenamiento, pero él nunca eludió sus responsabilidades con el equipo en pleno campeonato. ¿Sabes que la federación lo puede demandar?
—No creo que sea necesario llegar a tanto. Sabes que su condición…
—Su condición no lo hace intocable. Hay muchos chicos como él, esperando una oportunidad. Por favor, habla con él y hazlo entrar en razón. No puede seguir comportándose así.
—Sabes muy bien que no hay nada que lo haga cambiar. Sabías muy bien como era cuando firmaste la aprobación para que entrara al equipo —Friedrich trató de abogar por su cliente.
—Era tan sólo un niño con sueños, ahora que ha logrado gran parte de lo que deseaba, se comporta como…
—…como siempre lo ha hecho —Treadaway completó la frase—. Dominik siempre ha sido así, y lo sabes.
—Tuve que decirle a la prensa que estaba indispuesto, para no hacerlo quedar mal —Ewald se llevó la mano a la frente y sollozó—. Me va a volver loco.
Friedrich le puso la mano en el hombro.
—Tranquilo. Déjamelo a mí. Hablaré con él y trataré de hacerlo entrar en razón.
—A todas estas —Ewald se incorporó—. ¿Dónde está metido?
—No lo sé, pero lo averiguaré.