Capítulo 17 - Dominik

483 Palabras
El día comenzó más temprano de lo normal para Dominik. El cielo aún estaba azul oscuro cuando el alemán de 1.95 salió a correr unas cuantas manzanas alrededor de su hotel. La música de Linkin Park sonaba en sus auriculares, mientras el sudor caía a borbotones de su frente. La música y la adrenalina era una mezcla que amaba Dominik. No pudo dejar de pensar en esa hermosa sonrisa ni por un segundo. De repente, se le metió algo en la cabeza. La idea descabellada de invitar a Samanta a uno de los partidos. De seguro, a Carlos, el amigo de Samanta, le agradaría mucho la idea, pero a su publicista, Friedrich, de seguro le parecería una muy mala idea, sobretodo porque vio a la chica sólo un par de veces. No era sensato. A las diez de la mañana, Dominik estaba listo para abordar el autobús junto a sus compañeros de selección. El juego de apertura estaba pautado para las dos de la tarde, pero antes de eso habría un gran espectáculo de inauguración, el cual comenzaría en pocos minutos, así que todos debían estar presentes en el estadio unas horas antes del partido, por cuestiones de protocolo. —¿Preparado? —Le preguntó Ewald, el director técnico de la selección, mirándolo con complicidad. —Serán los tres puntos más fáciles de toda mi Carrera —contestó Dominik con una sonrisa de autosuficiencia. No era por subestimar al equipo de los Estados Unidos, pero la verdad era que no tenían el mismo nivel futbolístico de Alemania, cuya selección ya contaba con tres copas del mundo. Tampoco era menospreciar a los deportistas que componían al equipo que iban a enfrentar, sino que la gran mayoría admiraba a Dominik, eso le daba una ventaja. Fueron recibidos por cientos de reporteros y cámaras de televisión, además de fotógrafos que disparaban sus flashes a diestra y siniestra. Un grupo de representantes de la FIFA se acercó al bus para cerciorase de que los deportistas ingresaran sin ningún contratiempo a las instalaciones del Centro StubHub. La euforia del lugar contagió a Dominik al instante. La fanaticada gritaba desde las gradas, eran cánticos que iban desde el tradicional “Oe, Oe”, hasta consignas muy personalizadas con los nombres de algunos jugadores de la selección alemana. Le pareció curioso que a pesar de estar en un país que no era el suyo, el público se mostrara tan acogedor con un equipo visitante, pero luego recordó la fanaticada alemana era apasionada y los seguía alrededor del mundo. Sonrió de gozo al percatarse de lo afortunado que era. Aunque no podía verlos, los gritos se oían con claridad. —Por aquí, por favor —anunció la voz de una mujer que estaba entre el grupo de personas que los recibió, indicándoles la dirección hacia los vestidores, donde se prepararían para el primer juego de la Copa del Mundo.
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