Capítulo 18 - Samanta

719 Palabras
Transcurrió un par de horas desde que Samanta comenzó su turno y no podía dejar de mirar la inmensa pantalla LCD que habían puesto frente a una tienda de artículos deportivos. La gente se aglomeró para poder ver la ceremonia de apertura del mundial de fútbol, aunque a Samanta no le importaba el fútbol, no le importaba el mundial, no le importaba el asombroso espectáculo, ni siquiera le importaban los $200 que apostó Carlos a favor de Alemania. Sólo le importaba una cosa, o mejor dicho, una sola persona. Sam servía cafés y limpiaba mesas por inercia, realizaba su trabajo bien, pero de manera mecánica, pues su mente no estaba allí, sino en el Centro StubHub. —Más le vale a tu chico ganar —le dijo Carlos a Samanta, a modo de chiste. —No es mi chico —aclaró ella y se aclaró la garganta—, además te agradecería que no anduvieras diciéndolo por allí —giró su cabeza y miró al par de chicas que atendían a unos clientes en la barra—. No me gustaría que esas dos se enteraran de algo. Carlos siguió la mirada de Sam y vio a Megan y a Stacy, quienes parecían inmersas en sus propios mundos. Rió al recordar lo mal que le caían a Samanta, sentimiento que no era gratis, pues eran un par de chicas muy presumidas. No lograba entender porque Gordon seguía permitiendo que trabajaran allí. ¡Oh si, cierto! Porque eran hijas del vicepresidente de la cadena y ese era el castigo que su padre les asignó para que aprendieran a valorar las cosas que se ganan con esfuerzo y trabajo duro. —Como sea, más le vale ganar —comentó Carlos—. Aposté parte de mis vacaciones en él. Samanta no pudo evitar sonreír, su amigo era único en su especie. En el momento que se proponía a enfocarse en el trabajo, la imagen en la pantalla de televisión hizo que su corazón diera un brinco. La cámara captaba el momento en que Dominik entraba al campo de juego. Se veía muy concentrado, y en ese momento, Samanta se sintió estúpida por no haberlo reconocido. Ahora que lograba verlo con detenimiento, entendió que Carlos tenía razón, lo vio un par de veces y de hecho admiró en varias ocasiones, ese bien formado trasero que se gastaba. El partido dio inicio y Sam tuvo que resignarse a verlo por ratos, pues por momentos la cafetería se abarrotaba de gente y tenía que atender a los clientes, pero pudo apreciar gran parte del trabajo de Dominik. Era muy bueno. Por primera vez en su vida, Samanta se sintió muy interesada en el fútbol. —Es que lo veo y no lo creo —bromeó Carlos al ver como su amiga tenía la mirada fija en la pantalla, y parecía ni siquiera parpadear. La pelota iba y venía de un lado al otro, y los ojos de Samanta se movían en la dirección del esférico, ignorando por completo el comentario de su amigo. »Ya lo sé, para que te intereses en el juego, debo presentarte un jugador unas horas antes del partido —continuó él, pero Sam estaba embelesada viendo a Dominik. «Viendo a Dominik», la frase resonó en la cabeza de Carlos. El gusanillo de los celos lo alertó. Su amiga no solía interesarse por alguien tan rápido, y menos con esa intensidad. A excepción del imbécil de Alan, Samanta solía ser muy difícil de conquistar. «¿Conquistar? ¿Pero qué mierda? ¡Apenas lo conoce!». Carlos sacudió su cabeza con fuerza para sacarse ese tonto pensamiento. No podía permitir que los celos nublaran su juicio. Un par de personas se acercaron a la barra e hicieron una señal para que los atendieran. Stacy se acercó para atenderlos, pero Carlos la detuvo y mirando a su amiga, la llamó. —¡Samanta! La nombrada se giró y vio a los clientes. —Enseguida —respondió y procedió a atenderlos. —Yo los iba a atender —le dijo Stacy a Carlos. —Lo sé, pero quiero que los atienda Sam —el encargado provisional sonó tajante. Fue la excusa perfecta para que Samanta dejara de ver a un sujeto que corría y sudaba, de un lado al otro, con pantaloncillos cortos.
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