Tras la llamada que Abe cortó, me sentí una tonta. Pero no podía dejar de sentir miedo, no habían pasado ni tres horas de conocernos y él quería salir. ¡Por dios, me estaba invitando a una gala! Una parte gritó que sí enseguida, sin dudarlo. Pero la otra me dijo que lo mejor era no hacerlo, llevaba un tiempo alejada de los flashes y la prensa, gracias a eso mi familia no me había encontrado y prefería seguir así. Por otra parte, el viejito sabrosón me interesaba, claro que sí, pero también tenía miedo de que todo resultara tal como la vez anterior. Sin bien había intentado salir con hombres de mi edad, no lograba esa conexión que sentí con Abe tan solo con estrechar su mano. Todo él me llama y eso me dice que corra lejos, es contradictorio, pero no me queda de otra, porque no quiero v

