Caracas, 11 de diciembre Afuera, en las calles se escuchaban fiestas y puras gaitas. No era para menos, ya estábamos en diciembre. Sol y Marcelo dormían plácidamente todos los días, nada los despertaba y eso era bueno. No había que preguntar de quien lo heredaron, era evidente que eso lo sacaron de su madre. Salvo el hambre. Cuando quieren comer esos niños lloran a todo pulmón. Los días pasaron tan rápido que no tuve la oportunidad de prepararle una sorpresa para despertarla en su cumpleaños. Pero de igual manera le sorprendí, le pedí a Marco que me ayudara a prepararle un desayuno especial mientras yo compraba unas chucherías y le armaba el arreglo con Paola en el apartamento donde ella ahora vivía con Alejandro. Marco se lució con el desayuno así como Paola con el arreglo, gracias a D

