—¿Y entonces, José Miguel? ¿Quién te llamó? —inquirió Stefanía, con un tono de voz que yo percibí como molesto. Al ver que yo no respondía, ella pareció comprenderlo—. Fue ella, ¿verdad? —sin que yo dijera nada, ella lanzó sus cubiertos sobre la mesa y se levantó para salir del comedor. —Stefanía… ¡Stefanía! —Le llamé pero ella subió las escaleras ignorándome—. ¡Coño e’ la madre! —exclamé golpeando la mesa. Me levanté, aun sin haber terminado de cenar y subí. Toqué la puerta, estaba semiabierta lo que me sorprendió. La encontré en la cama, lucía divina, con un babydoll que dejaba muchísimo a la imaginación. Stefanía se levantó y se acercó a mí con una sonrisa coqueta. Me hablaba en susurros sobre mis labios, estaba seduciéndome y eso me encantaba. —Dime, amor, ¿ella es tan buena como y

