Esa voz femenina, lo volvió a la realidad, cuando por fin lo invadió la conciencia se sintió como un estúpido, se levantó enseguida —Yo… —Ethan no pudo hilar una palabra decente, y las puertas se abrieron, ahí estaba uno de los ayudantes de mantenimiento, lo miró como si fuera el culpable del desastre—. ¡¿Cómo mierda pasó esto?! ¡Son unos imbéciles! ¡Llama a tu jefe y dile que, en cuanto termine la entrevista, vendrá a ajustar cuentas conmigo! —el empleado bajó la cabeza y salió de prisa —Ethan… si lo quieres podemos cambiar la fecha de entrevista —Ethan parecía haber recuperado el temple, respiró hondo y sonrió —Disculpa, Farah, estoy bien, acompáñame —la mujer lo siguió hasta una sala de juntas con puertas de cristal, tomaron asiento, una asistente les ofreció café, pero ambos rechaza

