Capítulo 18-1

961 Palabras

Capítulo 18 Aída era para mí más que una empleada de la hacienda; era un portal hacia la verdad y, ahora, una confidente improbable. Su franqueza sin adornos era un bálsamo en mi vida llena de mentiras y secretos, recordándome a mi amiga Renata. En la soledad de mi exilio voluntario, su honestidad era un ancla que me impedía flotar a la deriva. Sentí una conexión con ella que no había buscado, pero que ahora agradecía infinitamente. —No diré a nadie, Aída —dije, sintiendo el peso de su historia y la mía, ambas marcadas por la decepción y el engaño. —Felipe y yo, ¿sabes? —dijo, y la vi luchar contra su propia coraza. Su fuerte carácter se resquebrajó un momento, revelando una vulnerabilidad inesperada—. Felipe y yo tenemos una relación amorosa, para ser más exactos, desde hace dos años.

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