CAPÍTULO 90 Punto de vista de Damien Al ver a Leandra, sentada en el asiento del copiloto del auto de ese médico, mi corazón no latió; más bien, se detuvo y reinició con un golpe caótico. Quedé en una especie de trance, convencido de que la tensión por Liam me había regalado una cruel alucinación. Pero la imagen era demasiado vívida, demasiado real, para ser un espejismo. Mi mente recuperó la funcionalidad, saltando inmediatamente a la pregunta más urgente: ¿Era ella, Realmente era ella? ¿A dónde diablos iba, y qué hacía con ese tipo? Aunque la impulsividad me gritaba que los persiguiera, la recién descubierta prudencia me contuvo. Sabía dónde obtener la información sin que me arrestaran por acoso. Regresé a la clínica, el pulso desbocado, adoptando una calma que no sentía. — Señor

