Risas incómodas. Pov Teo Mi sonrisa no ha desaparecido de mi rostro y, como si mi mujer me dio la mejor noche que he tenido en mi vida, no pensaré en eso nuevamente, ya que el gran problema lo tengo yo después cuando mi amigo quiere a su dueña. Con esto he descubierto que mi mujer es pura pasión, algo que me encanta. De quien no se ha sabido nada es del tal Vicente, o sea Esteban. Lo que nuestra gente nos ha informado sobre Hugo es que aún sigue llorando por los pasillos por el supuesto “dolor” que tiene. Pero bueno, que se acostumbre al dolor, porque en unos días tendrá otro regalo de nuestra parte. Sin embargo, esta vez seré yo quien sé lo dé. El día pasa entre reuniones cuando Jerome me indica que mi mujer está en la recepción, lo cual me parece extraño, ya que ella puede entrar

