Adriano. Sentia su piel rozar con la mia y les juro que se se me reseteaba la vida. Habíamos hecho el amor y luego terminado de cenar. Lavamos los trastes entre los dos; ella lavaba y yo secaba mientras le sacaba múltiples risas las cuales disfrutaba escuchar porque me alimentaba el ego de que la hacía feliz. Eso es lo que me llena, que no solo le estoy mintiendo, la estoy haciendo feliz, me gozo sus risas, sus sonrisas, sus chillidos de alegría. Después de ordenar un poco la ropa en nuestro closet, nos dimos una ducha y nos fuimos a la cama. La sentí besar mi mejilla, sus caricias en mi pelo mientras tenia mi cabeza recostada en su pecho me tenían casi dormido. — La verdad ahora entiendo porque todo mundo luego de conocer unos brazos que lo mimen, unos labios que lo llenen de besos

