XXVII

1212 Palabras

Adriano. La miré conectar el secador al toma corriente, sentándose en la silla de su peinadora.  —Estas seguro de que sabes hacer esto?— tuvo el descaro de preguntarme.  —Soy muy bueno en cada cosa que hago. No te lo demostré la otra noche?— sus mejillas se tornaron rojas. Me gustaba el poder que tenía en ella.  Habia llegado a su casa para tratar de enmendar que ayer me habia descuidado de ella y no le había llamado por estar demasiado ocupado en el almacén con el objetivo y una que otras cosillas. La nena era rabiosa, me recibió encarada, de brazos cruzados y dispuesta a decirme hasta del mal que me iba a morir.  Ella pensó que lo que ocurrió entre nosotros se quedaría ahí, que solo la utilicé y que la engañé al usar su cuerpo. Sin embargo, no es cierto, ustedes ya lo saben. Por end

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