Adriano. Las palabras sobraban en este momento. Su cara era una obra de arte, ella estaba totalmente sorprendida del lugar en el que estabamos. Un campo de aviación. —Por Dios...— tan solo la escuché decir aquellas palabras mientras asombrada se quedaba estática al frente de lo que había mandando a preparar para ella. —Que es todo esto?— su sonrisa era bien grande. La brisa despeinaba su cabello, el mismo que habia sido arreglado por mi despues de contenernos para no terminar haciendo el amor. Si vieran los hermosa que quedó. Yo me encargué de colocarle yo mismo un vestido blanco, corto, holgado, de mangas abucheadas con un lazo en cada una, un escote tipo corset y unos tacones rojos que combinaran con sus uñas.... y habia quedado una mamasota. Sus grandes piernas eran muy visibles

