Anastasia. Serví la mesa para la cena. Una lasaña había preparado yo para degustar. Todavía me encontraba hipando. Aproveché que Adriano se metió a bañar y yo quise distraerme en la cocina para terminar de volver a mi estado normal. El pobre aún continúa en shock, entiendo que tengo tanta culpa sobre ello. Y lo peor es que no me molestó en sí enterarme de su oficio, lo que me dolió fue que no me dijera la verdad al menos al mes de estar juntos. Han pasado casi cuatro meses, yo le repetí tantas y tantas veces que no queria mentiras que me dejé cegar por la rabia. El dolor de que mi hombre perfecto me habia mentido me hizo decir cosas muy feas. —Te dije que pediríamos comida, no puedes andar desobedeciéndome — lo sentí por detrás envolverme. Lo que más me mataba es que no me guardab

