La relación de amistad que entablé con Morelia me tenía mucho más tranquilo que ese intento fallido de relación amorosa, hablábamos todos los días por mensajes de texto y al menos una vez a la semana nos reuníamos para tomar un café y conversar. Me gustaba estar al pendiente de ella y que me tuviera la confianza de contarme todo lo que acontecía en su vida. Pasamos de solo tomar café a salidas informales, como ir al cine y salir al centro solo a caminar y a comer elotes, parecía una niña pequeña cuando se trataba de comer, sus antojos me recordaban un poco a los de mi hija. Cumplí mi promesa de comprarle el servidor de agua para que no tuviera que estar manipulando el garrafón, me encantaba como reaccionaba cuando le decía que era débil, de inmediato se ponía a la defensiva y decía que e

