Me sentía aturdido y avergonzado por todo lo que había pasado con Morelia durante la noche, desde el momento en que nos encontramos con Emilia en el banco mi mente comenzó a jugarme chueco. Morelia me gustaba, y me gustaba mucho, era una mujer tremendamente sensual además de admirable. La consideraba una mujer muy fuerte y talentosa, capaz de hacer que cualquier hombre se enamorara de ella. Yo no me sentía listo para iniciar una relación y aunque ella y yo nunca habíamos hablado sobre tener una relación estable, lo más lógico era que ella lo deseara, era una mujer muy sensible, a pesar de conocerla poco, sabía que no era de las mujeres que se acuestan con cualquiera solo por satisfacción s****l y me sentía afortunado porque me había elegido. Después de mostrarle el centro de la ciudad,

