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La loba del manantial

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Descripción

Adrian Ferro ha estado frente a la manada del Zafiro Azul por cinco años. Su lobo es poderoso e indomable. A pesar del tiempo transcurrido, aún le es difícil controlarlo del todo, pero su naturaleza salvaje le ha servido para hacerse un nombre entre sus vecinos.

Su manada es pequeña y sencilla, pero sus guerreros son los mejores de todo el valle y están dispuestos a dar su vida por proteger su tierra, apetecidas por muchos.

Sin embargo, su manada está en peligro. El manantial que nutría sus prósperas tierras repentinamente se ha secado. Los campos verdes y frondosos árboles han quedado reducidos a pastizales amarillentos y troncos resecos.

Las manadas vecinas le han negado su ayuda. Si la manada se debilita o incluso, muere, ellos podrán tomar posesión de esas tierras.

Ahora, el alfa de la Manada de las Rocas ha accedido establecer una alianza con la condición de que tome a su hija como pareja. Lo cierto es, que Adrian ha esperado a su pareja destinada por años y si aceptar a la hija de un alfa salvará su manada, él lo hará.

Pero justo cuando está listo para sellar la alianza, su pareja destinada aparece

¿Por qué la diosa Selene le dio como pareja esa jovencita? ¡Es tan solo una niña! ¿Por qué justo ahora? ¿Qué debe hacer? ¿Aceptar a la joven callada e inocente que la diosa ha destinado para él o aceptar la alianza y salvar a su manada?

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Primera Parte: El Manantial
Su mirada se deslizaba entre las líneas, palabras y cifras, pasaba las hojas como si buscara algo, pero lo cierto es que no encontraría respuesta alguna. Tenía horas allí y no recordaba en lo absoluto lo que había leído. Su mente saltaba de un pensamiento a otro, incapaz de concentrarse. Con un bufido, se apartó del largo escritorio de nogal – construido por su abuelo con sus propias manos – y se dirigió al amplio ventanal que abarcaba gran parte de la pared. Su rostro se tensó al ver lo que solía ser un fecundo prado, convertido en un pastizal amarillento, de suelos agrietados y polvorientos. Lo que solían ser frondosos árboles, de tupidas copas, ahora solo mostraban sus ramas desnudas extendiéndose hacia el cielo como garras afiladas. Sus tierras jamás habían lucido así. El valle en el que se habían asentado hacía más de cinco generaciones era alimentado por un límpido manantial que mantenía los prados y sembradíos abundantes. Eran tierras muy fértiles que les brindaban todo lo que necesitaban, de tal manera que les había permitido sobrevivir cómodamente y aunque su manada era relativamente pequeña, requería poco de otras manadas o pueblos cercanos. Sin embargo, en los últimos meses el nivel del manantial había comenzado a descender. Fue imperceptible al principio y realmente no se preocupó por ello, pero con la llegada del verano, el nivel del agua se había reducido considerablemente y cada vez era más difícil obtener la cantidad suficiente para las actividades de la manada. Ahora no corría más que un hilo de agua terroso y oscuro. Su manada era sencilla. No había grandes construcciones o estructuras. Solo una pequeña villa alrededor de la casa de la manada, conformada por austeras cabañas; una plaza que hacía las veces de mercado, donde los pobladores intercambiaban bienes y el campo de entrenamiento de los guerreros. Porque la manada del Zafiro Azul era pequeña, pero era respetada y temida por sus vecinos y más allá del valle. El poder y la fuerza de sus guerreros trascendía fronteras y por ello, hacía mucho tiempo que alfas más poderosos habían desistido de tratar de tomar por la fuerza sus tierras. Dos leves golpes a la puerta le volvieron a la realidad y se volteó para mirar al recién llegado, aunque su aroma ya le había permitido identificarlo. - Alfa – un joven formido, de cabello y ojos azabache dio apenas dos pasos dentro de la habitación – Ya todo está dispuesto para recibir al Alfa Kent y sus hombres – - Gracias, Niko – dijo apartándose de la ventana y volvió a ocupar el sitio tras el escritorio. - Adrian… - el hombre cerró la puerta tras de sí y se acercó, quedando de pie frente al otro lado del escritorio – Creo que debes reconsiderar… - No hay nada que reconsiderar, Niko – hizo un gesto con la mano para que se detuviera – El Alfa Kent estará aquí por la mañana. No puedo echarme atrás ahora – - Pero… Debe haber otra manera. Podemos buscar otras opciones – - Ya hemos tenido esta misma conversación en reiteradas ocasiones… Por semanas – era evidente la frustración en su voz – Nadie sabe qué sucede con el manantial y ninguna otra manada accedió a ayudarnos. Solo Kent. Su manada es mucho más grande y adelantada que la nuestra. Me aseguró que pueden ayudarnos - Niko se cruzó de brazos. - No confío en él. Ese tipo de alfa no brinda su ayuda si no es a cambio de algo de igual o mayor valor – - En eso tienes razón – Adrian se limitó a asentir. Los alfas – y en especial un alfa como Kent – no solían presentarse en otra manada sin invitación o al menos, sin anunciarse primero. Así que, cuando el hombre se presentó en su manada de forma inesperada, Adrian supo que su oferta no era desinteresada, especialmente porque él no había acudido a pedirle ayuda. Su territorio estaba algo más lejos, pero hizo el viaje hasta el valle, acompañado solo de una escolta de tres hombres. “Los alfas nos hablamos” se justificó Kent con algo de sorna cuando Adrian le cuestionó su presencia en sus tierras “Las noticias corren rápido y cuando me enteré de lo que estaba sucediendo en el valle, consideré que lo más conveniente era ofrecer mi ayuda” para el hombre no pasó desapercibido el escepticismo en el rostro del otro alfa, pero no evidenció ninguna reacción “Por más tentadora que sea la idea de aislarte del resto del mundo y vivir plácidamente con tu manada, las alianzas son valiosas y en ocasiones como estas… necesarias” “La Manada de las Rocas es de las más fuertes y avanzadas del área” replicó Adrian “¿Por qué habría de preocuparle lo que suceda a una manada tan pequeña como esta? Ni siquiera somos capaces de tener un pozo de agua y tuberías” “Esta manada es la que se encuentra más al norte del valle. Si bien el río que surca esta zona se alimenta de otros afluentes a medida que recorre el valle, si algo está afectando el flujo de agua, podría afectar también a las otras fuentes y sería muy grave para el resto de las manadas. No puedo correr ese riego. El suministro de agua es esencial para la vida de nuestra gente… y tengo un grupo de hombres muy bueno, que puede ser de gran utilidad para averiguar qué provocó que el manantial se secara” Adrian sopesó sus palabras. Definitivamente Kent tenía los medios y los conocimientos. Era bien sabido que su villa tenía un intrincado sistema de tuberías que les había permitido llevar el agua hasta cada una de las edificaciones. Ya las personas no tenían que tomar tiempo para recolectar agua cada día... y lo cierto es que no esperaba que su manada llegara a ese nivel. No había nada de malo en caminar por el campo para recoger el agua fresca del manantial… Pero se estaba quedando sin alternativas. Exhaló un suspiro. Un hombre como Kent no ofrece su ayuda de forma desinteresada, se repitió. Él no haría un viaje hasta sus tierras, sin anunciarse, si no estuviera convencido que recibiría algo a cambio. “Alfa Ferro” la voz de Kent interrumpió sus pensamientos “Una alianza conmigo será de gran beneficio para su manada. Quiero una alianza que perdure en el tiempo y como muestra de ello, ofrezco a mi hija para que la tome como su pareja elegida” Adrian dejó escapar una risa burlona, que pretendía ocultar su sorpresa. “¿Me ofrece a su hija? ¿Por qué un alfa como usted querría vincularla a una manada pobre y pequeña?” “Se menosprecia, Ferro” respondió Kent con tono grave “Y no le compraré el número de falsa modestia. Zafiro Azul podrá ser pequeña, pero su nombre es respetado y temido. Tienen el mejor grupo de guerreros de todo el valle” “No somos mercenarios” le interrumpió con dureza. Eso era justamente lo que temía “No hay alianza que me haga enviar a mis hombres a estúpidas luchas por el ego de alfas ambiciosos” “Eso lo sé” respondió el hombre sin inmutarse “Y no es eso lo que espero. No tengo ningún interés en involucrarme en ese tipo de escaramuzas. Además, mantengo una buena relación con mis vecinos. Ellos saben bien que es absurdo considerar siquiera en enfrentarme. Pero las circunstancias cambian. Solo soy un hombre previsor” “¿Y su hija está de acuerdo con su parte en esta alianza? ¿Qué hay de su pareja destinada?” Kent frunció el ceño levemente y se acomodó en la silla. “Ella está de acuerdo. Ha pasado ya bastante tiempo desde que despertó su loba, sin que haya encontrado a su pareja destinada. Lo mismo para usted, ¿no es así, Ferro? Luego de tantos años, ¿aún sigue esperando por su pareja destinada?” y había algo de sorna en su voz. Adrian se limitó a sostener su mirada, sin reaccionar a su provocación. “Ella será una gran luna para su manada. Ha sido educada para esa labor y tiene sangre de alfa. Le dará cachorros fuertes” esperó por su respuesta, pero al no obtenerla, agregó: “Dejaré mi propuesta sobre la mesa. Piénselo. Volveré en dos semanas con mi hija y mi gente. Entonces hablaremos” - ¿Adrian? – Niko lo miraba algo inquieto. El hombre se irguió pesadamente. - Es tarde. Ve a descansar. Yo iré a patrullar un rato – - ¿Irás a patrullar? ¿No deberías descansar también? Mañana será un día difícil – - Me conoces muy bien para saber que no lograré dormir. Pero patrullar me ayudará a mantener mi lobo a raya y aclarar mi mente. Ve a descansar. Nos veremos aquí a primera hora – - Sí, alfa – Niko hizo una leve inclinación de cabeza y salió de la habitación.

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