La luz que había estallado desde el sello no desapareció de inmediato, se expandió por el claro como una niebla dorada, suave y cegadora al mismo tiempo. Durante un instante, nadie pudo ver nada. El bosque detenido por la magia de Tardion pareció desvanecerse dentro de aquella claridad. Luego, poco a poco, el mundo cambió. El suelo bajo los pies de Lyrianne dejó de sentirse sólido, el aire dejó de oler a hojas y tierra húmeda, el silencio del bosque fue reemplazado por algo distinto. Un murmullo lejano, como si miles de voces hablaran al mismo tiempo en un lugar demasiado distante para comprenderlas. Lyrianne sintió que su cuerpo se volvía ligero. La luz la rodeaba, y cuando parpadeó… el claro había desaparecido. Ante ella se extendía una ciudad, pero no era una ciudad viva, era una ciu

