El bosque seguía congelado en el instante detenido por la magia de Tharvion. Las hojas permanecían suspendidas en el aire como pequeñas esmeraldas inmóviles, el agua del arroyo seguía atrapada en su caída eterna, incluso el viento parecía haber olvidado cómo moverse. Pero algo había cambiado, una presencia, pesada, antigua, inevitable. Lyrianne fue la primera en sentirla; era como si el aire mismo hubiera adquirido peso. Su pecho se tensó lentamente mientras levantaba la mirada hacia el borde del claro. Allí, entre los árboles congelados, una figura comenzaba a tomar forma. No apareció con un destello de luz como los otros guardianes, no, su presencia se manifestó de otra manera; como si el propio mundo hubiera decidido reconocer su llegada. Las sombras entre los árboles se estiraron le

