Capitulo 8

1035 Palabras
—Deja de llorar, ¡Me estas poniendo de mal humor! —grito mientras acelero el auto. —Es normal que llore, me hiciste tres chichones en la cabeza, ¡Me duele, Samantha Wilson!, sabia que eras violenta pero era necesario también que ese animal del infierno muerda mis tobillos y rompa mis pantalones favoritos. —Dime Brodt, ¿Donde tendríamos que estar? —pregunto con ironía. Sus ojos tiemblan, intenta retroceder pero no tiene espacio para huir. —Ya te dije que lo sentía. —¡Tus disculpas, no bastan!. —¡Ya, Sam deja de acelerar el vehículo!, das miedo mujer. —¿Doy miedo?,¿Estas seguro de tus palabras?. —Fijo mis ojos en el, si responde que si, lo arrojare del auto. —No claro que no, tú eres la mujer más linda y comprensiva que conozco. —Entre cierro los ojos, el con sus ojos verdes me observa, se que no es su culpa, es solo que me siento decepcionada de mi misma, pensé que luego de tanto tiempo seria capas de viajar en paz, y ocurrió todo esto, me siento completamente impotente y yo jure que no me sentiría asi nuevamente. —Lo lamento, Joa —susurro. —Sam, ¿Estas con tu regla?. —Sabes olvida lo que te dije, cállate o te arrojare del auto. —El que avisa no traiciona. —Eres… — Lo miro mal, cierra sus ojos y el camino hacia la universidad se vuelve rapido y silencioso. Cuando llegamos, lo primero que notamos son los pocos estudiantes que quedan, lo miro con odio nuevamente a mi querido amigo, él no dice nada, solo camina hasta el despacho del rector. No golpea la puerta solo la abre, pongo mi mano en mi frente, bien Joaquín sigue asi, ¡Lo haces excelente!. Me paro frente a la puerta, suspiro y golpeo. Toc, toc... —Joven Weber, entre. Resignada, sin ánimos camino hacia mi destino. —Siéntense —Ordena el rector. —Si. —Señor Weber, usted ya sabe el motivo por el cual fue citado. Cierro mi boca, si se el motivo pero deseo decir que no lo conozco. —Si rector, Joaquín le hizo una broma de mal gusto a nuestros compañeros de cuarto. —Señor Weber, se que las relaciones que mantenga con el señor Brodt solo les incube a ustedes dos, pero tienen que entender que hay ciertos actos que no están permitidos y normas que deben de cumplir, entre ellos los problemas de cuarto que generen violencia entre sus compañeros, como por ejemplo atarlos y amordazarlos, dejando atrás una clara amenaza. —Sube su tono de voz el mientras balancea entre nuestros rostros una clara nota con la letra de Joaquín. ¿Los amordasaste también y escribiste la nota?, ¿Tienes un agujero en el cerebro?. —Rector no creo que esta agrandando demasiado este diminuto incidente — Interviene Joaquín desparramándose en su silla. El rector le dirige una mirada con una clara advertencia, yo en respuesta le doy un zape, el rector ignora el golpe que le doy es mas, si no vi mal sonrió apoyando mi acción. —¿Es enserio rector?, me sentó aquí dedicándome una charla de moral y ética, acaban de golpearme delante de usted pero no dice nada, ¡Esto es doble moral, me decepciona!. —¿Cree que esta en posición de decepcionarse de alguien?, usted tendría que estar más callado que nadie, intentando minimizar su existencia. —Eso es muy injusto. —¿Eso cree realmente?. —Diosito, soy yo nuevamente, por favor que Joaquín muerda su lengua y que no pueda hablar por los próximos 15 minutos, o si se desmaya también me conformo. —¡Claro!. —¿Sabe?, señor Brodt, creí que si hablaba con ustedes había oportunidad de solucionar todo esto con una disculpa y con su colaboración en ciertos proyectos pero por lo visto usted no esta dispuesto a reconocer sus errores, es más involucra a más personas inocentes en sus reacciones violentas. —Rector yo no dije nada —hablo un poco avergonzada. —Si señor Weber, usted al parecer es la persona sensata y el que lleva los pantalones en su relación. —¡Me opongo! —chilla Joaquín. Solo cállate, empeoras las cosas y no te das cuenta, ¿Tengo que golpearlo?. —Se puede saber el motivo, la razón o circunstancia por el que lo hace—dice entre dientes el rector, las venas de su cabeza, frente y cuello parecen que van a estallar. —¡Si!, porque yo soy el verdadero hombre, además él con esa cara de no rompe un plato le puso un apodo, cabeza de billar, obviamente fue por su eminente calvicie y pulcredad, su cabeza es segadora en el sol. Lo pateo y se calla, hace una mueca de dolor. —Rector escúcheme… —¡Cállese señor Weber!, creí que usted era diferente pero no lo es. Joaquín asiente. —Si rector, él se parece mucho a mi, es incluso peor que yo, tiene muy mal carácter… No lo soporto mas, me arrojo encima de él y comienzo a golpearlo. —¿Que hacen?, ¿Donde creen que están?, ¡Sepárense, ya!. Ambos ignoramos los gritos del viejo cabeza de bola de discoteca. —¡Solo tenias que mantener la boca cerrada!, ¿Tan difícil es?. —Lo reprendo arrojándome una segunda vez sobre él, arrancando su cabellos, tirando fuertemente de sus rulos, produciendo que grite de dolor. —¡Auxilio, sacadme de encima a este maldito flacucho!. —¡Deja de llamarme flacucho, no lo hagas mas!. El intenta derribarme, pero no logró hacerlo, estoy muy enojada, estoy por tirar de sus orejas siento como unos fuertes brazos me toman. —¡Sam, suficiente! —grita Dean. Solo puedo patalear en el aire, intento golpearlo pero nada funciona. —¡Ustedes han perdido la vergüenza!, todos se retiran de mi oficina y esperan a fuera , usted también doctor Deán, gracias por su pronta ayuda. El tío Deán asiente y luego me arrastra hacia fuera y Joaquín sigue nuestros pasos, esto es un desastre, quiero llorar pero retengo mis lagrimas, eso no solucionara nada. Adios vacaciones.
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