~Capitulo 2~

3016 Palabras
Dasha   Una vez que los profesionales terminaron con el cambio de look para Celine, les aplaudí porque realmente hicieron magia con esa chica horrorosa; su cabello ahora se veía más claro, le cortaron las puntas feas y le añadieron un lindo flequillo. Depilaron sus cejas, arreglaron su rostro, sus uñas, y su vestimenta. ¡Costó un triunfo!   —¡Listo, mi querida Dasha!—exclama Duncan, uno de los encargados del cambio.—Ahora sí parece una chica de clase.   —No puede ser...—murmura Celine mirándose en el espejo.—¿Qué es esta ropa?—ojea su vestido azul con espanto.   —Es la vestimenta que usarás a partir de ahora.—le digo.—Porque a partir de hoy, no serás Celine Willis 'alias la horrorosa'—murmuro en cuanto los demás nos dan privacidad y se alejan.—sino que te convertirás en mi prima extranjera: Johanna Darren—explico.   —¿Tu prima?—cuestiona sorprendida.   —Así es.—afirmo.   —Al menos me podrías haber inventado un nombre mejor. —se queja.—Parezco una de las prostitutas que trabajan en mi barrio.—bufa.   —"Ex barrio"—corrijo—tu vida quedó en el pasado. Ahora ya no eres esa chica, ¿entiendes?—zanjo.—Comienza a actuar acorde a tu nueva apariencia.   —¿Por qué tengo que cambiar radicalmente? —se cruza de brazos. —Tengo que estar sometiéndome a estas mierdas con tal de complacerte.   —¿Ahora estás desconforme? Tú aceptaste.—le recuerdo.—No me vengas con tonterías porque ya firmaste un contrato conmigo.—apunto con seriedad.   Ella no dice nada y asiente de mala gana.   —Bien, prima.—se burla.—¿Ya podemos irnos, o aún falta arreglar alguna otra cosa de mi apariencia?   —Podemos irnos. Aún tenemos que arreglarnos para la fiesta de esta noche.—comento.   —¿Fiesta? ¿De qué hablas?   —Te recuerdo que  me acabo de asociar con la compañía de Gael Moore. —le lanzo una mirada de complicidad; ella sabe de quién hablo.—Y esta noche hay una fiesta para darme la bienvenida que merezco.—sonrío.—Y tú vendrás conmigo, obviamente. Ellos deben conocerte también.   —O sea que es la oportunidad perfecta para comenzar con lo planeado— murmura.   —Exacto, querida prima.—afirmo.—¡Ya nos vamos, Duncan!—cambio de tema.   —De acuerdo, belleza.—me abraza con entusiasmo. —Tu prima quedó bellísima. Aquí estoy a su disposición. Vengan cuando quieran.—nos sonríe.   —Así será. Johanna quedó encantada con el cambio de look.—digo y ella sonríe de manera forzada.   —Ay, sí. Me encantó. Parezco otra.—finge emoción.   —Mis manos hacen magia, amiga.—se ríe él.   —Nos vamos. Adiós, Duncan.—me despido con un beso en la mejilla y Celine hace lo mismo.   Salimos del local y en seguida Boris y el nuevo guardaespaldas de Celine nos abren la puerta del coche. Y sí, conseguí a un rubio parecido a Boris tal y como quería ella.   —Aún sigo creyendo que Boris es más guapo que mi guardaespaldas, pero te esforzaste, lo reconozco.—comenta ella, tomando asiento a mi lado.   —Lo lamento, pero Boris no tiene un hermano gemelo.—me burlo. —Si no te gusta, es tú problema.   —¿A dónde vamos, señorita?—pregunta Jack, el guardaespaldas de Celine al volante.   —Al hotel.—ordeno.   —Bien.   —Es importante que causes una buena impresión esta noche.—me giro hacia ella.—Actúa como si tuvieses dinero y fueses de la alta sociedad. Créeme, ellos saben cuando alguien no encaja.—aclaro.   —Si, sí, ya entendí. Actuaré como tú: fingiré que tengo millones de dólares en mi cuenta bancaria gracias a mis negocios totalmente legales, que bebo el champagne más caro del mundo a toda hora, y que soy toda una perra astuta en los negocios.—dice con elegancia fingida.—La gente quedará de boca abierta en cuanto me vean entrar a esa fiesta aburrida. Cada viejo querrá tenerme a su lado, y sus interesadas novias jovencitas me tendrán envidia. ¿Eso quieres?—pregunta elevando una ceja.   —Eso es justo lo que quiero.—concuerdo.—¡Justo eso!—exclamo riendo.   —Dasha—me llama Boris.—señorita Kuznetsov...—se corrige.   —¿Qué, Boris?—pregunto.   —Hemos llegado.—anuncia.   En ese momento, la puerta del lado de Celine se abre y Jack tiende la mano en su dirección para ayudarle a bajar.   Ella se sorprende y me observa.   —Vaya... Qué galán me has conseguido, prima.—eleva su pulgar en mí dirección. —Gracias, guapo.—acepta su mano y baja del auto.—Lindo corte de cabello.—le halaga.   —Gracias, señorita Darren.   Ignorando sus tonterías, bajo del auto con la ayuda de Boris y avanzo hacia la entrada del hotel. Celine se me une y caminamos en silencio.   —¡SEÑORITA KUZNETSOV!—escucho que alguien me grita, cosa que me hace estresar al instante.   Detengo mi caminar y me giro con irritación por el grito femenino. Una encargada de la recepción del hotel corre hacia mí con rapidez y agitación.   —¿Por qué gritas?—cuestiono con enfado.   —Lo lamento. Sólo quería avisarle que en el Hall la está esperando el señor Gael Moore. — me informa.—Desde hace media hora.   —¿Qué? ¿Media hora?—frunzo el ceño y miro a Boris con seriedad. —¿Dónde se mete a inútil de Elena? ¿Por qué no me avisa de éstas cosas? ¡Se supone que es mi asistente!—exclamo con rabia.   —No sé. —se excusa él.   —Ah, tú no sabes nada. ¡Llámala y dile que está despedida!—zanjo.—No me sirve de nada tenerla si no es capaz de hacer su trabajo.   —Pero...   —¿Qué? ¿Qué vas a decir ahora en su defensa? ¡Llámala y dile que está despedida! ¿No entiendes? Es una orden, Boris.—sentencio.   —De acuerdo.   —Yo iré a la habitación. —habla Celine.—¿Me acompañas, Jack?—le pregunta.   —Si, señorita.—accede.   Ignorando a todos los presentes, me dirijo hacia el Hall. La estúpida de Elena no sirve para nada. ¿Cómo es posible que no me haya dicho nada de la llegada de Gael? ¡Él es mi víctima! Se supone que debo acercarlo a mí.   Lo veo sentado en un sofá, bebiendo una copa de whisky y ojeando su teléfono móvil.   Tengo que fingir confusión, pues no nos hemos visto personalmente, aunque yo ya sé todo sobre su vida. Yo mantuve una reunión con el vicepresidente de su compañía para definir detalles de la asociación porque él se encontraba de viaje en ese momento. Jamás pudimos coincidir para poder discutir sobre negocios, por lo que cerré el trato con Demian, el vicepresidente.   Debo poner mi mejor cara y lograr que Gael se fije en mí y así poder estar más cerca de ganarme su confianza.   —¿Gael Moore? —pregunto haciéndome la tonta.   Él levanta la mirada y me observa fijamente sin emitir sonido alguno. Cabe destacar que es un hombre muy guapo. Ese cabello peculiar de tono rojizo y el color de sus ojos verdes, lo convierten en una persona muy atractiva.   —Soy yo. Tú eres Dasha Kuznetsov.—dice amable y se pone de pie.   —Así es. Es un placer conocerlo finalmente. —estiro mi mano en su dirección.   —Es placer es mío. —acepta el saludo con una sonrisa.   —Lamento la tardanza, pero mi asistente no me informó de su visita.—me disculpo.   —No se preocupe. Estoy al tanto de que usted es una mujer muy ocupada.—comenta.   —Algo así. Los negocios no pueden esperar. —digo.   Tomamos asiento en el sofá y noto su mirada puesta en mí con total atención, como si estuviese analizándome.   —¿Y qué le trajo por aquí? Tengo entendido que la fiesta es en la noche, ¿no?—hablo mientras me acomodo el cabello.   —Así es. Pero... digamos que tenía interés en conocerla antes de la fiesta.—reconoce.—Para que ambos tengamos un encuentro previo y no sea tan... sorpresivo, ¿entiende?   —Claro, comprendo.—asiento.—El vicepresidente de su compañía me puso al tanto de todo, me explicó cada cosa y...   —Puedo notar que es cierto cada cosa que dicen de usted.—me interrumpe soltando una risa.   —¿Qué cosas?—sonrío.   —Que, además de la belleza que la caracteriza, es muy aplicada en los negocios. —afirma mirándome con intensidad.   —Si, es cierto. Los negocios son mi pasión y llevo trabajando de eso desde hace muchos años.—concuerdo.—Es la base de mi vida.—añado.   —Ya veo, y eso es muy atractivo.—dice sin pensar.—Quiero decir… que es atractivo ver a una mujer independiente y que se desenvuelva tan bien en el mundo de los negocios.—explica.   —Hago lo que puedo.—finjo nerviosismo.—No es fácil, ya que todos los días me enfrento a un mundo de hombres.—él asiente de acuerdo.—Pero tengo un equipo que me respalda siempre.   —Y eso es muy admirable.—afirma.—Eres muy exitosa y todo el mundo te respeta.—me guiña un ojo.   —Agradezco tus palabras. Es un honor para mí oír eso de un hombre tan poderoso en los negocios.—lo miro directo a los ojos.   —Así como tú, yo también tengo un equipo maravilloso. Sin ellos no hubiese llegado tan lejos.—dice con sencillez.—El logro no es solo mío.   —Indudablemente. —concuerdo.   —Lamento interrumpir—escuchamos la voz de Boris.—Señorita Kuznetsov, su prima la espera arriba.—informa.   Me pongo de pie y Gael hace lo mismo.   —¿Prima?—pregunta.   —Así es, ella vino del extranjero para pasar una temporada conmigo. Somos muy unidas.—respondo.   —Es fantástico.—dice.—Bien, ya no te quito más tiempo. Sólo quería conocerte personalmente y ya lo hice. Será un placer hacer negocios contigo, señorita Kuznetsov.—habla en voz baja.   —Digo lo mismo, señor Moore. Nos vemos esta noche —le sonrío.   —Puedo mandar una limusina por ustedes si lo deseas, sólo pídelo.—dice con rapidez.—Estoy a tu disposición.   —No es necesario, gracias.   —Bien. Entonces te veo allá.—toma mi mano y besa el dorso, sin apartar sus ojos de los míos.   Se retira y yo le miro la espalda mientras se aleja.   —Un punto a mi favor.—hablo en cuanto se va.   —¿Por qué lo dices?—pregunta Boris.   —Porque lo sé.—sonrío con autosuficiencia y avanzo hacia el elevador.   Él viene detrás de mí, siguiéndome en todo momento.   —Toma un descanso, Boris. No te voy a necesitar aquí —le digo.   —No estoy cansado.   Mientras espero a que las puertas de abran, me giro hacia él y lo noto más serio de lo normal.   —Es una orden.—aclaro.—No te necesito hasta la noche.   —De todas maneras...   —¿No entiendes? No cuestiones, hazlo.—zanjo.   Aprieta su mandíbula y mira hacia otra parte.   —Últimamente estás cuestionando mucho cada cosa que digo. Eso no me gusta.—le advierto.   —Es tú culpa. Todo el tiempo me tratas mal.—se defiende.   —¿Qué?—digo sin poder creerlo.   —Estás muy distante—espeta y me mira con rabia.—Siempre estoy disponible para ti, hago todo lo que quieres y...   —¡Lo haces porque trabajas para mí, y tu obligación es obedecer!—apunto.—Si estás confundido y creyendo algo que no es, entonces dímelo y consigo a alguien más.—digo sin rodeos.—No quiero gente inútil a mi alrededor, sino alguien eficiente.   En cuanto las puertas del elevador se abren, ingreso en él y presiono el botón donde se encuentra mi suite presidencial.   Boris siempre ha trabajado para mí, ya no recuerdo el tiempo exacto. Al comienzo teníamos nuestros encuentros fogosos en la habitación, pero lo hacíamos únicamente por placer. Nos teníamos ganas, y nos las quitábamos. Fin.   Lo hacíamos de vez en cuando. Jamás le di un trato diferente. Ni antes, ni ahora. No sé qué le pasa, pero definitivamente no estoy para soportar tonterías de adolescente enamorado por su parte. Me daría algo de pena tener que despedirlo, pero si no me deja opción, lo haré. Él debe respetar su lugar y no pasarse de la raya. ¿Qué son esos modales hacia mí? Está loco.   Yo soy la única que grita y da órdenes, no él, ni nadie obviamente.   Ingreso la llave de la habitación y en cuanto abro la puerta, escucho risas y murmullos provenientes de la habitación.   Por inercia alcanzo a tomar la navaja que llevo bajo la liga en mi pierna derecha, bajo el vestido. Me aproximo a la habitación con rapidez y abro la puerta de golpe.   —¿¡Qué mierda...!?—elevo la voz y escucho gritos masculinos.   No puede ser.   —¿¡QUÉ HACES EN MI HABITACIÓN, CELINE!?—grito al verla en ropa interior junto a Jack, que está esposado al respaldo de la cama.   —¡Baje esa navaja!—chilla él.   —Mi habitación es más pequeña.—se excusa ella.—Y bueno... encontré la manera de entrar aquí. Agradece que no rompí la cerradura.   —¡Tienen tres segundos para salir de aquí!—les advierto.   —Es imposible que salgamos de aquí en tres segundos. No somos como flash—explica ella.—En tres segundos ni siquiera habré salido de la cama.   —Tú, estás despedido.—señalo a Jack.—Y tú... vete de mi habitación antes de que...   —¿Cómo que despedido?—cuestiona él.—Pero...   —Cuando vuelva no los quiero ver aquí.—señalo.   Me guardo nuevamente la navaja y cierro dando un portazo.   —No puedo tener paz en mi propia habitación.—murmuro con enojo.—Después si yo les grito, soy la mala, la insoportable.—gruño saliendo de la habitación.   Avanzo hacia el elevador y en el camino choco con un chico, haciendo que me tambalee un poco.   —Lo lamento.—se disculpa e inmediatamente me llevo una mano al hombro, por el dolor.   Me doy cuenta que no llevo el reloj. El cual tenía hace unos segundos atrás.   Él se ha echado a correr por el pasillo, hacia las escaleras de servicio.   —Ah, no. Tú no te me escapas—sentencio.—Con alguien debo descargar mi enojo.   Corro detrás de él, sin importarme los tacones que llevo.   Dobla hacia la derecha, y copio su acción. Se lleva por delante un carrito con toallas y ropa sucia que venía arrastrando una señora rubia. Ella se hace a un costado asustada, y el que robó mi reloj cae al suelo desparramando las cosas en el suelo. Sin pensarlo me lanzo sobre él, y tomo nuevamente mi navaja, para que sepa que yo tampoco me ando con rodeos y menos si me roban las cosas. Sé que es totalmente irónico que lo diga justamente yo, que también robo, pero bueno.   —¡Devuélveme el reloj, idiota!—le grito tomándolo del cuello.   Él me abofetea y yo caigo a su lado. La señora grita con miedo.   Él intenta ponerse de pie e irse, pero le hago un corte en la pantorrilla, haciendo que se queje del dolor y caiga de rodillas al suelo.   Tomo una toalla algo grande y me subo a su espalda, pasándola por su garganta y ejerciendo presión para que quede sin aire.   Él intenta librarse de mí, chocando a propósito contra las paredes.   —¡Devuélveme el maldito reloj!—repito con enojo.   Se resiste.   «¿Así es como quieres jugar?» Pienso.   Utilizo toda la fuerza que me queda para tensar la toalla, haciendo que él pierda el equilibrio y caiga al suelo. Yo caigo también.   Él comienza a toser, lanzando el reloj a un lado. Su rostro se ha vuelto levemente morado. Así que me pongo a horcajadas de él, y presiono la navaja contra su garganta.   —¿Por qué me robaste el reloj?—cuestiono con la respiración algo agitada por el revuelo que se armó.   Él no responde.   Le doy un puñetazo en su mejilla.   —¡Habla!—grito.   —M-me mandaron.—dice.   —¿Quién?   Niega, intentando escapar nuevamente.   Otro puñetazo en su mejilla.   —Habla, o lo próximo que sentirás será la navaja cortando tu piel.—amenazo.   —Roxanne...—susurra.   Me aparto de golpe y me pongo de pie.   Él se queja del dolor que siente, y yo aprovecho para levantar mi reloj.   —¿Qué mierda quiere?—le pregunto.   —Sólo me pidió que tome algo tuyo... Cuándo estuvieras sola.—comenta.   —Eres pésimo en lo que haces, ¿sabías?—le hago saber.—Y dile a Roxanne que no le tengo miedo. Mándale esto de mi parte—le enseño mi dedo medio.   Me guardo la navaja y me giro para volver en dirección al elevador.   La señora permanecía allí, recostada a la pared, con el rostro lleno de temor.   —No comente esto con nadie.—le digo a ella.   Paso por arriba de la ropa sucia y me pierdo por el pasillo.   Me arde la mejilla.   Maldita Roxanne.   Pero, bien... Ya veo que aún sigue con la guerra.   Mi querida madrastra no se cansa de hacerme la vida imposible.   Y yo soy como el imán para atraer enemigos.   **
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR