Él le pone el pañuelo con la poción impregnada en ella en su boca y nariz, ella se agarra a la muñeca de él, pero le hace enseguida efecto, y se cae dormida en la cama. Una vez dormida, él la coloca bien sobre la cama. – Ten paciencia, princesa mía. Que cuando se vaya el sol, haré que me pertenezca a mi en vez de a él, así, estaremos juntos para toda la eternidad. – susurraba él en el cuello de ella, que estaba besucando con deseo. Entonces, decidió con una sonrisa en los labios, quitarle algo de ropa para que estuviera preparada para la ocasión, le quito lentamente las botas negras, largas hasta casi llegar a las rodillas, y después le quito los pantalones negros, dejándola solo con la camisa roja oscura, larga hasta medio mulso, y le desabrocho un poco la camisa hasta el escote. En e

