Capítulo 8

4947 Palabras
– ¡Tu zorra! ¿Has dejado que esa preciosidad escapará de mí? ¡Ella era mi chica, tengo todo el derecho de hacer con ella lo que quiera! – decía él, pareciendo borracho por la dificultad de mantenerse recto frente a ella. – ¿A sí? ¿Quién dice que las mujeres seamos objetos para los hombres? ¿Por qué lo decís vosotros? –  pregunto ella cruzando los brazos. –  Lo siento, pero no estoy de acuerdo con eso de que esa pobre chica sea de tu propiedad. – ¡¿Quién te crees que eres zorra? –  exclamó él hecho una furia. Entonces, cuando él alzó el rostro y la miró bien, se fijó de que la conocía de algo, y se acercó un poco, pero sin pasarse. Mientras, sin que se diera cuenta el hombre, Carmilla se fijaba sin poder evitarlo en el cuello de él, sobre todo en la vena yugular, que estaba palpitando con fuerza por haber corrido un buen rato, eso hacia que la sangre circulará más rápidamente, y Carmilla lo estaba oyendo y sintiendo, deseando tomarla para saciar su sed. –  Espera un momento… – dijo él llamando la atención de Carmilla, dejando de mirar a su cuello. –  Yo a ti te conozco. –  Lo dudo mucho amigo… – negó ella vacilando. – ¡No, no! Si te conozco… ¡ah si, eres la chica desaparecida! ¡Eres Carmilla Fitzroy! –  recordó el hombre, señalándola con el dedo. Carmilla estuvo fastidiada al ver que la reconoció, pero enseguida le alivió recordar que él no viviría para contar lo visto. Entonces, el hombre empezó a acercarse a ella, que empezó a echarse hacia atrás como disimulando miedo y temor hacia él, hasta que se pegó a la pared de atrás a la esquina, y el hombre la arrinconó con las manos apoyadas en cada lado de ella, mirándola fijamente. –  Mira que tengo suerte está noche… he encontrado una mujer mejor que la de antes, una mujer rica y joven, que posiblemente puede darme un montón de dinero por devolverla a casa suya… – dijo él con voz seductora. –  Has tenido suerte pequeña… tienes ante ti un hombre que hará que disfrutes está noche como nunca. Ante esas palabras, Carmilla no pudo evitar reírse en bajo, y eso al hombre lo dejó confuso y molesto de la burla. Entonces, él enfadado puso su navaja en el cuello de ella, amenazándola mientras pensaba en desnudarla un poco, pero antes de poder, las manos de ella lo detuvieron con fuerza, haciendo que él se quejará confusa por la fuerza de ella. –  Lo siento mucho amigo… dudo que vaya a disfrutar mucho contigo, pero de algún modo tengo que satisfacerme… – se disculpó ella con inocencia. – ¿Como dices? –  pregunto él confuso. Antes de siquiera contestar, ella lo libero para cogerlo por el pecho de sus ropas y arrinconarlo violentamente contra la pared, después le obligó a soltar la navaja con solo romper su muñeca, haciendo que gritará fuerte. En el fondo, Carmilla se divertía torturando a ese desgraciado, tanto que se río, mostrando los colmillos y los ojos rojos brillando. –  Yo tengo suerte… pero usted caballeros, me temo que no, porque se ha encontrado conmigo… – dijo ella, mirando como él la miraba aterrado y sin ser capaz de gritar a ver ese rostro terrorífico y monstruoso. –  Solo te dolerá un poco… Al decir eso, ella abrió la boca, y cuando despejo el cuello de él con estirar las ropas con la mano, clavó sus colmillos de un golpe seco, haciendo que él gritará de dolor y miedo, pero enseguida le tapó la boca para no oírle demasiado. El hombre intento liberarse de ella, pero las fuerzas le iban fallando poco a poco por la pérdida de sangre, y ella tenía muchísima más fuerza que él, algo que no entendió hasta que vio que se trataba de una vampiresa. --------0------- Mientras, la chica ya estaba lejos de allí, y decidió dejar de correr para recuperar aire, cuando giró por otra calle, se giró y camino hacia atrás para mirar que nadie la seguía, viendo que ese hombre en verdad fue detenido por esa mujer misteriosa, deseaba que estuviera bien. Entonces, sin que lo viera aparecer, ella chocó contra alguien a sus espaldas, y se giró sobresaltada y dando un saltó para alejarse. – ¡Lo siento, discúlpeme por favor, es que no le he visto detrás de mí! –  se disculpó ella nerviosa, dando reverencias sin parar. –  No pasa nada jovencita… – dijo el hombre. Cuando ella alzó el rostro, vio que era un hombre vestido de n***o con cabellera negra, blanco y pálido, que al verle bien se parecía un poco a la chica de antes. Ese hombre era Kamazotz, solo que ahora no se mostraba como un vampiro, sino como un hombre normal y corriente. – ¿Te ocurre algo? –  pregunto él al verla tan callada y mirándolo fijamente. – ¿eh? Ah perdone, es que se parece a una chica que acabo de ver, que me ha salvado de un hombre que me perseguía. – dijo la chica avergonzada. –  Espero que este bien. – ¿Una chica? ¿Vestida de n***o y pelo n***o? –  pregunto él curioso. – ¡Si, si! No pude verle el rostro, pero sí que era de pelo y vestimenta negra. –  afirmó la chica. – ¿Qué es su hija? –  Pues sí, ¿qué ha pasado? –  Un hombre me perseguía por los callejones cuando una chica me salvó y me dijo que me fuera de allí corriendo, me supo mal por ella, pero estaba asustada, ahora no se si estará bien. –  explicó ella, diciendo lo último mientras se giraba por donde había venido, dando la espalda al hombre. Cuando estuvo de espalda a él, éste se acercó a ella lentamente, viendo como su cuello estaba a la vista por el hombre descubierto. Entonces, él mostró los colmillos y los ojos rojos brillando, sin que ella lo notará o viera. – ¿Cree que estará bien su hija? Debería volver y ayudarla… – propuso ella, pensando en volver. –  No te preocupes… mi hija estará bien, estoy seguro de ello. – dijo él en susurro, seduciendo a la chica con la voz por el oído. –  Ahora necesito que me ayudes a mi pequeña… – ¿Qué? Antes de poder girarse a él, éste el abrazo entero, sujetando ambas muñecas de ella por delante con una mano, mientras que con la otra libre sujetaba su barbilla para inclinarla un poco a un lado, con él sobre el hombro de ella. Al estar en esa postura y sujeta por ese hombre, se sonrojo y se asustó un poco, imaginando que quería de ella, pero estaba equivocada. – ¿Qué… está haciendo? –  pregunto ella aterrada. Él no contestó, lo que hizo fue lamer el cuello de la chica por el lado izquierdo, haciendo que ella temblará por ello y cerrará los ojos aterrada, por eso no pudo ver como él sacaba los colmillos y después los clavaba con fuerza en el cuello de ella, haciendo que los abriera completamente y alzará la cabeza, confusa y desconcertada, noto como él le chupaba la sangre y gemía con cada trago, haciendo que ella también gimiera mientras lo miraba de reojo, viendo que en verdad era un vampiro, el Conde Kamazotz bebiendo su sangre. La chica no se atrevió a gritar, la verdad es que sentía cierto placer por ser mordida por él, y enseguida perdió el conocimiento hasta dormirse para siempre, en brazos del vampiro, que cuando acabo, se separó del cuello de ella, y la tuvo en el brazo derecho con la cabeza colgando. Sin darle importancia, la dejó caer al suelo, y después se limpió los labios con la manga. –  Has estado en el sitio equivocada pequeña, lástima que te hayas cruzado conmigo estando hambriento. – dijo él mirando el cuerpo muerto de la chica.   Un rato después, el hombre muere en manos de Carmilla, que cuando notó que ya estaba muerto y sin sangre, lo dejó caer al suelo sin más. La sangre se había escurrido por la comisura del labio, pero enseguida se relamió satisfecha, a pesar de tener un mal sabor. Cuando lo miró allí muerto sin moverse y con los ojos abiertos, no sintió pena ni dolor por haber echo eso, se sentía normal y sin emoción alguna, y eso la dejó algo inquieta, ella nunca fue así. Pudo sentir que su cuerpo ahora estaba más cálido, y su pulso no temblaba, sabiendo que no tenía ya, pero esperaba sentirlo temblar por haber matado a una persona por primera vez. No se odiaba por haber matado a un desgraciado que solo pensaba y maltratar y violar a una joven inocente y vulnerable, pero se sentía extraña al no arrepentirse por ello, era algo nuevo y intrigante. –  Veo que no has tardado en alimentarte. – dijo una voz a sus espaldas. Cuando ella se giró sobre el hombro, vio que se trataba del vampiro Kamazotz, que ahora debía reconocerlo como su padre. Él caminaba hacia ella tan tranquilo y sin prisa, con los brazos ocultos bajo la capa negra. Entonces, cuando estuvo frente a ella, Carmilla pudo ver en su labio un poco de sangre limpiada, supo enseguida que se había alimentado cerca de allí, y recordó a la chica que se había ido por esa dirección por donde había venido él. –  Tu, te has alimentado de… – decía ella, sabiendo que no se equivocaba en nada. –  Estaba en un lugar inapropiado para volver a su casa hija, yo estaba hambriento y cuando veo una chica sola y vulnerable no puedo resistirme. –  se excusó él con naturalidad. – ¿Tienes algo que decirme sobre eso? –  No… para nada, lo siento. –  se disculpó ella, desviando la mirada. – ¿No vas a quejarte sobre la persona que he elegido? –  En absoluto… – negó él, acercándose a ella, mirando al hombre muerto. –  Se que odias a este tipo de gente, es normal que quieras darles una lección… la verdad, es que son muy molesto estos desgraciados, solo que para mí no tienen buen gusto… –  Ya lo creo… incluso su sangre es asquerosa… – dijo ella, sintiendo mal sabor en la boca por la sangre tomada de ese hombre. –  Vaya manera de probar la primera mordida. –  Tranquila… muy pronto tomarás una indiscutible… – aseguro él, estando detrás de ella para apoyar las manos en sus hombros. – ¿Ya estás satisfecha está noche? –  Creo que si… –  Bueno, te dejaré sola para que puedas hacer la tuya, yo haré lo mismo en otro lugar… hasta luego. –  se despidió él desapareciendo de allí. Carmilla le dio cosa que él desapareciera así, pero debía acostumbrarse. Ella enseguida empezó a oler putrefacción por parte del c*****r del hombre, por lo que se fue de allí, deseando dejar de oler ese hedor. Ahora que era vampiresa, tendría los sentidos más despiertos y agudos, por eso podía oír a gente a cierta distancia, correr con más rapidez sin cansarse, ver mejor por la noche, todas esas cosas, y se acostumbró a ello. Ahora que estaba sedienta, no sabía a donde ir ahora, no deseaba que nadie conocido la viera ahora, por miedo de que no fuera capaz de controlarse a pesar de haber tomado ya sangre. Entonces, se le ocurrió ir a un lugar, pero no estuvo segura de ello, pero era el único lugar donde nadie iría a esa hora de la noche. Ya decidido, de un salto estuvo en el tejado de un edificio y empezó a saltar de tejado en tejado para ir a ese lugar en concreto. Siendo silenciosa y rápida, llegó a ese lugar en poco tiempo, dando un último salto para aterrizar en el jardín que estaba en un lado del lugar, ese lugar era el hospital, donde estaba su hermana en coma. Sabía que con esa nueva vida no debería verla de nuevo, ya se había despedido de ella, pero quería asegurarse de que Rizort no le había hecho nada por haber desaparecido sin rastro. Sin hacer ruido, fue a una ventana, que, si mal no recordaba, era la de la habitación de Orlat, y con cuidado fue hacia ella sin hacer ruido, ya que, a esa hora, todos estaban durmiendo y algunos médicos y enfermeras haciendo guardia. Al llegar a la ventana, tuvo suerte al ver que estaba abierta descuidadamente, la desplazó un poco y con sigilo entro en la habitación. Cuando se puso en pie y giró la cabeza al lado izquierdo, vio a su hermana en la cama, durmiendo plácidamente y sin moverse siquiera, como solía estar siempre. Se aseguro de que estaba bien físicamente, sin nada fuera de lo normal, y cuando vio que todo estaba en orden, suspiró aliviada con una mano en el pecho, donde su corazón ya no latía, pero sintió que se aliviaba como ella al ver a su hermana sana y salva. Ya que no tenía prisa, decidió quedarse un poco más con ella, sentándose a su lado en la cama sin tocarla mucho. –  Hola hermanita, me alegra que estés bien. – dijo ella en voz baja. –  Te dije que no volvería a verte si cambiaba a lo que soy ahora, pero tenía que venir y ver por mí misma que ese desgraciado no te haya hecho nada, veo que en verdad no ha llegado a hacerte nada. –  confesó aliviada, rozándole el rostro con los nudillos de la mano enguantada. –  Es normal que no lo haya hecho… – dijo una voz a sus espaldas. –  No ha tenido ocasión de hacerlo. Cuando oyó esa voz, supo que no era de su padre, y cuando se giró sobresaltada y a punto de rugir como un animal feroz, vio que no era un doctor o una enfermera, más bien era una amiga suya, Mónica, que estaba escondida en las sombras de la habitación. –  Mónica… eres tú. – dijo Carmilla asombrada poniéndose en pie y girarse a ella. Mónica no dijo nada, lo que hizo sin poder aguantarlo más, fue ir hacia ella a toda prisa y a abrazarla con fuerza por encima de los hombros, dejando sorprendida a la vampira morena. Carmilla dio gracias a que se había alimentado antes de ir allí, por qué con solo tener el cuello de Mónica despejado y pegado al rostro de ella hizo que deseará morderla, pero consiguió resistirse sin que se notará mucho. –  Gracias a Dios… estás viva, menos mal Carmilla… – agradecía Mónica a punto de llorar. –  Mónica, ¿Qué haces aquí? –  pregunto Carmilla, apartándola para cogerla por los hombros y tenerla enfrente. – ¿Me has estado esperando aquí todo el tiempo? –  Algo me decía que vendrías a ver a tu hermana, pensando que Rizort podría haberle hecho algo por haber desaparecido de repente. –  contestó Mónica. Cuando la oyó decir lo de Rizort y su hermana, Carmilla se sorprendió, ya que, nadie excepto ella y Rizort sabían de ello, ¿Como sabía ella sobre ello? Se preguntaba Carmilla, mirando confusa a Mónica, la chica lo notó, pero estuvo callada. – ¿Como… sabes de eso Mónica? –  pregunto Carmilla, soltando los hombros de ella. – ¿Como te has enterado? –  Cuando desapareciste, la policía y algunos voluntarios te buscaron por toda la ciudad la otra noche, entre los voluntarios estaban Rizort y Blade… – hizo una pausa, al ver el rostro que podía Carmilla al oír el nombre de esos dos. –  Yo estaba en mi habitación con la ventana abierta, hasta que los oí hablar en el callejón de mi ventana. Oí a Rizort confesarle a Blade que te había amenazado con matar a tu hermana si cancelabas el compromiso con Blade, y él se molestó tanto que desafió a su padre… Rizort le golpeó tan fuerte que tuvo que ir al hospital por eso estuvo vigilando a tu hermana… – ¿Blade hizo eso? –  pregunto Carmilla, Mónica asintió. –  Ya veo… – dijo desviando la mirada sonrojada. A pesar de ser ahora una vampiresa, en el corazón no– muerto de Carmilla seguía habiendo amor por Blade, a pesar de querer cancelar la boda para no hacerle un desgraciado con verla deprimida y triste. Mónica pudo ver en Carmilla el amor que sentía por Blade, por eso no entendió por qué quiso cancelar el compromiso, pero eso no importaba ahora. –  Carmilla… también hablaron de otra cosa… – continuo Mónica, ahora sería e insegura. –  De algo horrible, que hicieron los dos, algo tan horrible que me dejó petrificada y sin habla. – ¿Qué dices? ¿De qué se trata Mónica? –  pregunto Carmilla confusa y sorprendida. La chica no contestó enseguida, no sabía cómo hacerlo. Carmilla espero impaciente, pero tuvo que apartar a Mónica para que nadie las viera en la habitación. Mónica sabía de ante mano que cuando le explicará lo que sabía no se lo tomaría nada bien, por muy buena persona que fuera, además, aún no había notado que Carmilla era ahora una vampira creada por el Conde Kamazotz, gracias a que Carmilla había bebido sangre humana recientemente, su cuerpo ahora estaba tan cálido como si estuviera viva. –  No sé si debería decirte esto, Carmilla… – dijo Mónica, en voz baja y mirando al suelo insegura. –  Has pasado por muchas cosas… –  Mónica, dime que pasa con Blade y su padre. –  exigió Carmilla, obligándola a que la mirará y sujetándola por los hombros firmemente. –  Puedo ver en tu mirada que es algo que tengo que saber… dímelo por favor Mónica. Mónica vio la insistencia que Carmilla mostraba en su rostro, con suma calma y paciencia, pero esa mirada cambiaría, de eso estaba segura Mónica. Carmilla espero paciente, viendo en Mónica que en verdad era algo grave y serio, viendo que había un lado secreto en Blade y su padre que aún desconocía, y seguramente todo el mundo. Entonces, sin poder aguantarlo más, Mónica derramó lágrimas mientras apretaba las manos y los dientes con fuerza, bajando la mirada rendida, dejando confusa a Carmilla. – ¿Mónica? –  Lo siento mucho Carmilla… – se disculpó Mónica entre lágrimas. –  ahora lo sé todo… lo que ocurrió… – ¿Qué es lo que sabes Mónica? –  pregunto Carmilla. – ¿De qué hablas? –  De la muerte… de tus padres Carmilla… – contestó Mónica, alzando antes la mirada llena de lágrimas. – ¿Qué? ¿Qué estás diciendo, qué intentas decirme? –  pregunto Carmilla confusa y desorientada. – ¿Qué tiene que ver eso con Blade y su padre? –  Todo… – contestó Mónica. –  Ellos… lo hicieron… ¡Ellos mataron a tus padres, dejando en coma a tu hermana pequeña! –  confesó ella, alzando la voz lo último. – ¡Esa es la verdad Carmilla! “¡Ellos mataron a tus padres, dejando en coma a tu hermana pequeña! ¡¡Esa es la verdad Carmilla!!” Esas palabras seguían resonando en la cabeza de Carmilla, como si fueran tambores acercándose y golpeando con más fuerza. Mientras, Mónica no pudo aguantarse más en pie, y cayó de rodillas en el suelo, con Carmilla en pie petrificada y muda, con los ojos abiertos e irritados de no parpadear aún, y los brazos en la posición que dejó cuando sujetaba a Mónica por los brazos, como una estatua aterrada. – ¿Qué…? ¿Qué has dicho? –  pregunto Carmilla temblando. –  jeje, no es posible… Mónica, no puede ser… – decía ella, riendo con un rostro desconcertado, incapaz de creer lo que su amiga le dijo. –  Debe haber un error Mónica… – ¡No hay ningún error Carmilla! –  negó Mónica llorando más destrozada. – ¡Yo los oí, Rizort lo confesó cuando hablaba con su hijo en el callejón, recordándole que él coopero para hacerlo y así poder casarse contigo sin que nadie lo impidiera! ¡Rizort está interesado en tener la fortuna de tu familia, por eso desea que te cases con su hijo y así tener acceso a ella! –  explicó ella frustrada y dolida. Carmilla la escucho sin mirarla ni moverse de su posición, mirando hacia arriba sorprendida y sin poder creerlo aún, pero sabía que su amiga le decía la verdad en sus palabras. Finalmente, las piernas le temblaron tanto que cayó de rodillas como Mónica, quedando sentada frente a ella, dejando colgar la cabeza mirando hacia abajo. Al verla así, Mónica dejó de llorar y la abrazo por la cabeza, pegándola a su hombro. –  Entonces… cuando Rizort me amenazó… – dijo Carmilla casi sin voz. –  No… eso fue solo obra de él, Blade se puso furioso cuando se lo dijo, Rizort le pegó al desafiarlo… pero sí que cooperó en el asesinato de tus padres… seguro que su padre lo planeó todo, con tal de poder obtener esa fortuna tuya… –  No puedo creer que Blade… él no… –  Se que duele Carmilla, pero él no lo negó para nada, y cuando la policía interrogó a Rizort sobre tu desaparición, Blade lo defendió incluso después de ser golpeado y amenazado por él. – ¿Amenazado? –  Sí… Rizort le advirtió de que, si te contaba la verdad de todo, lo odiarías y nunca se lo perdonarías, él te ama y por eso pensaba hacerlo, pero su padre le ha lavado el cerebro con eso. –  contestó Mónica secándose las lágrimas. –  Todo ha sido obra de Rizort, para poder tener tu fortuna sin que tuviera problemas… no estaba de acuerdo que tú, una mujer, tuviera semejante dinero. –  Rizort… – nombró Carmilla con profundo odio y rabia. Ahora lo entendía todo, lo de la insistencia con la boda con Blade, y la amenaza con matar a su hermana en coma, todo. Él fue quién enveneno a sus padres cuando estuvo de viaje, para que así su hijo pudiera proponerle matrimonio sin que sus padres se negarán, y eso provocó que su hermana se pusiera en coma por su delicada salud de su don, él los asesino y la amenazó con matar a su hermana, la única familia que le quedaba. Al entender todo eso, Carmilla sintió que su sangre ardía de odio y rabia, deseando tener a Rizort enfrente y matarlo con sus manos. Ahora sabía por qué el Conde sabía de esa venganza, por qué sabía todo sobre aquello, ofreciendo su ayuda a cambio de ser su hija inmortal. La verdad, es que ahora le parecía perfecto, ahora podría hacerle frente a Rizort sin problemas, pudiendo vengar de él a su gusto. – “Veo que finalmente sabes la verdad, pequeña mía” – dijo una voz en su mente, la del Conde. Cuando lo oyó, Carmilla se sobresaltó un poco, pero sin que Mónica lo notará. Supo enseguida que eso era otra habilidad de vampiro, comunicación telepática. – “Me alegra saber que sabes la verdad y que deseas vengarte, es el mejor remedio para ese tipo de dolor pequeña, por eso te ofrecí está vida… tener el poder suficiente para que ese desgraciado te tema y te suplique por su vida…” – “¿Acaso pasaste por algo similar?” –  pregunto Carmilla mentalmente. – “La verdad es que si… muy pronto me irás conociendo mejor. Ahora, ¿Qué harás con esa chica?” –  pregunto el vampiro. – “Sabe demasiado, no es bueno que sepa que estás viva… sabrá que mataste a ese hombre cuando lo digan, debes deshacerte de ella” – dijo él con seriedad. – “¡No! Ella ha sido mi amiga y ha sido muy valiente de contármelo, ¡No tiene por qué morir!” –  exclamó ella en contra de él. – “Te lo suplicó por favor… no me pidas que la mate, por favor… padre.” Para él, esa era la primera vez que ella lo llamaba así, vio que finalmente lo aceptaba como su padre, y eso le hizo sonreír un poco. – “Está bien, lo que tu desees. Me encargaré de que ella no recuerda que te ha visto y todo lo demás, te prometo que estará bien” – juro él con sinceridad. – “Ahora es mejor que volvamos al castillo pronto amanecerá pequeña.” Carmilla le hizo caso en eso, podía notar que en verdad el amanecer se acercaba, debía despedirse de Mónica por última vez, aunque no deseará hacerlo en el fondo. Apoyando una mano en el hombro de ella, Carmilla se apartó de Mónica para mirarla fijamente, limpia de lágrimas, pero aún con los ojos rojos irritados. –  Gracias por decirme todo esto, Mónica… te lo agradeceré siempre… – dijo Carmilla con sinceridad. –  No tienes por qué dármelas Carmilla, soy tu amiga, debía hacerlo para que supieras como son en realidad esos dos… – contestó Mónica algo sonrojada de vergüenza, pero enseguida se puso seria. –  Pero Carmilla, te pido por favor, que no hagas ninguna estupidez… – ¿eh? –  Se que querrás vengarte de ellos, pero por más que lo desees, eso no te ayudará en el futuro, eso hará que te odies a ti misma… – dijo Mónica, cogiéndola por los hombros y mirándola fijamente. –  Se que a pesar de lo que ha hecho, sigues amando a Blade, por eso sé que, cuando quieras matarlo, tendrás dudas de hacerlo, porque lo amas de todo corazón… –  Mónica… –  Por eso te pido que cojas el camino correcto y sigas adelante… por mucho odio que tengas, la venganza no nos ayuda en absoluto, solo hace que el dolor se vaya temporalmente, para después traer otro distinto, pero parecido al anterior, no dejes que el odio y la irá te controlen Carmilla, no lo hagas… – pidió Mónica con profundo sentimiento de amistad hacia Carmilla. La vampira se quedó sin palabras ante aquello, quedando emocionada y sorprendida, pero a pesar de querré hace caso del consejo de Mónica, ya había tomado una decisión, y era ya imposible cambiarlo ahora. En verdad, amaba a Blade a pesar del odio que sentía hacia él por lo que hizo junto a su padre, pero no tanto como a Rizort, que jugo con ella y con todos a sangre fría, se aseguraría de que recibiera su merecido castigo. –  Gracias Mónica, lo tendré en cuenta… – dijo Carmilla, mintiendo con la mirada baja y dolida. –  Tengo que irme ya, lo siento. Con eso, Carmilla se puso en pie, y con mucha rapidez corrió hacia la ventana y salió por ella con Mónica mirando confusa y sorprendida de la rapidez de su amiga, cuando fue también hacia la ventana, vio que Carmilla ya había desaparecido entre las plantas del jardín, por lo que, viendo que se acercaba alguien a la habitación, ella también salió por esa ventana, cerrándola un poco después para que no notarán que alguien salió por ahí. Entonces, cuando salió de ese jardín, en vez de irse a su casa, fue a buscar a Carmilla, temiendo que hiciera alguna estupidez. Pero, justo en ese momento, a un lado de ella, apareció un hombre vestido de n***o y con melena negra, que Mónica aún no vio por qué estaba ahora de espaldas a él. –  Perdona jovencita, – llamó él detrás de ella, haciendo que se girará algo sobresaltada. – ¿Puedo preguntarte algo? – ¿eh? –  exclamó ella confusa, asintiendo después de cara a él. – ¿Por casualidad no habrás visto… a Carmilla Fitzroy verdad? –  pregunto él con un rostro inocente, ojos cerrados y una sonrisa. – ¿Como? Antes de poder reaccionar, el hombre ya estaba pegado a ella, cogiéndola por la cintura con un brazo, alzándola un poco del suelo. Entonces, Mónica pudo ver como los ojos de ese hombre eran de un color rojo intenso, mirándola fijamente. Tan encantada se quedó con esos ojos que pareció como hipnotizada por él, estando en trance. – “Lo siento, pero debes olvidar lo que sabes sobre la familia de tu amiga, y que la has visto está noche, es por tu bien, aunque me gustaría beber tu sangre virgen para estar ya completamente satisfecho está noche” – pensó Kamazotz fastidiado. – “Dale las gracias a ella por está viva preciosa”. Entonces, el vampiro alzó una de las manos para señalar con el dedo los ojos de ella, que al instante cambiaron a rojos también. Al ver que ya estaba completamente hechizada por él, la dejó libre en el suelo en pie, mirándolo fijamente y inmóvil frente a él. –  Tu no has visto a Carmilla… ni sabes nada de lo ocurrido con su familia. – dijo él como hipnotizándola seductoramente. –  ah… yo no… he visto… – decía ella susurrante. –  No has visto a Carmilla, ni sabes nada sobre su familia. –  repitió él, alejando el dedo que la señalaba a ella. –  No he visto a Carmilla, ni se nada sobre su familia. –  repitió ella, como obedeciendo una orden. El vampiro sonrió satisfecho, y cuando sus ojos dejaron de brillar, los de ella volvieron a ser normales y se desmayó al instante, pero antes de caer al suelo de espaldas, el vampiro la cogió al vuelo, posando el brazo por la nuca y la espalda de ella. Entonces, cogiéndola bien en sus brazos, el vampiro se echó a volar, para llevar a la chica a su casa, dejarla en su habitación sobre la cama, profundamente dormida.
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