Melissa Hansen Despierto con el cuerpo adolorido, cada músculo de mi ser palpita con el recuerdo de la noche anterior. Dante estuvo más enérgico que nunca, como si quisiera demostrarme con cada caricia, cada beso y cada embestida lo equivocada que estuve al intentar alejarme de él. No lo culpo… sé que le dolió, aunque nunca lo admitiría en voz alta. Y yo, cobarde como siempre, sigo sin encontrar el valor para decirle la verdadera razón por la que quise poner distancia entre nosotros. Sé que esa conversación es inevitable, tarde o temprano tendré que enfrentarla, pero hoy ¡no!, hoy disfrutaré de amarlo y ser amada. Mientras lo miro dormir a mi lado, con su rostro sereno, respirando pausadamente como si el mundo no pudiera perturbarlo, me cuesta creer que este mismo hombre sea capaz de h

