Irina seguía moviéndose lentamente sobre el m*****o de Claudio, a veces aumentaba la presión a veces la reducía, era un juego enloquecedor para ambos. Claudio se aferraba a las caderas femeninas como el náufrago a una tabla de salvación y procuraba levantarse para aumentar el roce que lo estaba enloqueciendo. Pero ella no cejaba en su esfuerzo por atormentarlo, cuando sentía que él se levantaba ella hacía lo mismo y no sólo se levantaba sino que se alejaba más de manera que no había el más mínimo contacto entre ambos; esto sucedió varias veces hasta que él entendió su rol en el juego. A partir de allí ella lo controlaba absolutamente, era su dueña y señora. Irina continuaba con sus eróticos movimientos y ahora sus manos se subieron hasta el suéter que tenía puesto para terminar de quitar

