Un día más en este pueblo infernal. Mis ganas de vivir se iban con el paso del tiempo, las voces empezaban a comerme con más frecuencia, incluso solía olvidar cuál era la realidad. Donde estaba parado y las decisiones que había tomado con anterioridad. Estaba rogándole a la muerte para que me llevará, padecía de demencia, esquizofrenia, locura, como mejor prefieran llamarlo. Mis dedos traían el sello de la muerte, mis manos habían estado matando desde temprana edad, no conocía la normalidad, ni tampoco sabía lo que era vivir rodeado de amor. Estando sentado en la puerta de mi casa, me di cuenta de que mis vecinos huían de mí. Cuando salía, ellos solían esconderse, se metían en su casa y me veían con asco, como si supieran lo que hice, como si todos mis secretos hubieran salido a la luz

