Capitulo 5

2157 Palabras
El reloj marcaba las nueve de la noche cuando Martín Arango, el patriarca de la familia, miró por la ventana de su despacho. La noche estaba tranquila, pero él sentía la pesada carga de los secretos que había estado acumulando a lo largo de los años. El viento azotaba suavemente las persianas de su oficina, como si quisiera susurrar algo al oído, algo que él no deseaba oír. La noticia había llegado en un paquete inesperado, en forma de una llamada urgente. Su rostro, normalmente impasible, había palidecido al escuchar las palabras de Riccardo, su contacto italiano. “Vanno ha sido detenido,” le dijo Riccardo, con una voz grave, apenas audible, como si el peso de la noticia lo estuviera sofocando. “Y no solo eso, Arango. La policía está haciendo preguntas. No es solo una detención por razones personales o sus negocios ilegales, tienen intenciones de investigar más profundo, quieren llegar a ti.” Jayden apretó los puños sobre la mesa, la ira y el miedo se entrelazaban en su pecho. Sabía que si Vanno, hablaba caía en manos equivocadas, sus propios nombres, los de su familia, estarían en grave peligro. La Reunión en la mansión Arango seguía, los pasillos de mármol reflejaban la quietud de la noche, pero en el aire flotaba una tensión palpable. Cataleya, se encontraba sentada en el sofá, con la mirada fija en la chimenea encendida, pero su mente no estaba en la calidez de las llamas. La noticia había llegado a oídos de todos los miembros de la familia, como un eco aterrador. —¿Vanno ha sido detenido sin problema? Esto me suena a traición —aseguro Calvin, mientras se acomodaba en la silla. —Eso podría significar el fin de todo lo que hemos construido. Si investigan sus vínculos con nosotros, no habrá nada que podamos hacer para detenerlos. Regina se giró hacia éllos con los ojos llenos de preocupación. —Me preocupan los chicos. Ellos serán los primeros en estar en el ojo del huracán. —Saben de su existencia, mas no donde están. —hablo cataleya. Tratando de ser positiva. Carlos entró en la sala en ese momento, su rostro sombrío y su postura tensa. —La situación es peor de lo que imaginábamos. Riccardo dice que Vanno fue arrestado en su Mansión y frente a su hija. No sabemos cuánto tiempo tardarán en asociarlo con nosotros. Si comienzan a investigar, las consecuencias serán desastrosas. —¿Que pasó con esa niña? —pregunto Jayden . —La señorita abandonó la mansión, su padre le pidió que se fuera. Dicen que se llevó todo lo que tenía Vanno en la caja fuerte, una especie de huida. —Respondio Carlos. —Necesitamos dar con ella. No podemos tener más cabos sueltos. Ya veremos qué hacemos con Vanno —DijoJayden. —Yo me monto en eso. —dijo Calvin saliendo de la presencia de todos junto a Carlos. Arango había mantenido una fachada intachable durante años. Desde los negocios legales que poseían hasta las conexiones en el mundo del arte, la política y la alta sociedad, todo había estado cuidadosamente equilibrado. Con Vanno, habían logrado hacer muchos negocios, después de esa unión para acabar con él mexicano. Jayden tomó asiento en una silla frente a la mesa y clavó su mirada en Cataleya y Regina. —Esto puede convertirse en un caos si no actuamos rápido. Necesitamos una estrategia, y debemos movernos rápido. Ambas mujeres asintieron, sus mentes acelerándose en busca de soluciones. —Tenemos que asegurar que cualquier vínculo con Vanno quede fuera del alcance de las autoridades. Quizá sea momento de cortar todo contacto con él, por completo, antes de que alguien nos vincule directamente con sus actividades. —Cortar la relación con Vanno, no. Vanno podría salir de ahí y sería tenerlo de enemigo nuevamente. —Opino Cataleya. Jayden se levantó de golpe, caminó hasta la ventana y miró al horizonte. —Nada es sencillo. Lo que está en juego ahora no son solo nuestros negocios, sino nuestras vidas. Si nos exponen, no solo perderemos lo que hemos construido, sino que corremos el riesgo de ser arrastrados por el mismo pozo en el que Vanno se ha metido. Debemos preparar nuestra defensa. Mientras la familia Arango Cabrera se preparaba para enfrentarse a las consecuencias de la detención de Vanno. El ambiente en la sala de interrogatorios era opresivo, una mezcla de tensión y frialdad que calaba hasta los huesos. Las paredes de hormigón, desnudas y grises, parecían cerrarse sobre Vanno, atrapándolo en un silencio incómodo. La única fuente de luz provenía de una lámpara fluorescente que parpadeaba intermitentemente sobre su cabeza, proyectando sombras danzantes que distorsionaban su rostro. La humedad se sentía en el aire, espesa y pegajosa, como si la sala sudara el miedo que se respiraba en el ambiente. El eco de sus propios latidos resonaba en sus oídos, amplificado por el silencio sepulcral que lo rodeaba. La mesa de metal, fría y dura, era el único mueble en la sala, un recordatorio constante de su vulnerabilidad. Las sillas, incómodas y sin respaldo, parecían diseñadas para aumentar su incomodidad. Vanno permanecía sentado, con las manos esposadas sobre la mesa, su mirada fija en un punto indeterminado del suelo. Su mente era un torbellino de pensamientos, recuerdos y miedos que lo abrumaban. El sonido metálico de la puerta al abrirse lo sobresaltó. Dos agentes del FBI entraron en la sala, sus rostros inexpresivos y sus ojos fijos en él. —Vanno —dijo uno de los agentes con voz grave—, tenemos algunas preguntas que hacerte. —Queremos informe de Jayden Arango, será beneficioso para ti. —No se quién es ese... Vanno no termino de hablar cuando uno de los agentes lo levanto de la silla y le dio un golpe certero en su estómago dejándolo sin aire. Mientras el otro agente le volvía a preguntar sobre Jayden Arango. Pero Vanno seguía sin responder a su pregunta. Su respiración era errática. Cada jadeo le recordaba la presión en su pecho, una mezcla de miedo y agotamiento. La máscara de poder que había llevado por tantos años estaba resquebrajándose. El sudor le resbalaba por la sien, mezclándose con la sangre seca de la última vez que lo habían "apretado un poco" para que hablara. —Sigues aferrado a la misma historia —dijo uno de los agentes, un hombre de mediana edad, con una expresión que oscilaba entre el hastío y la paciencia agotada. Llevaba las mangas de la camisa arremangadas, y sus nudillos enrojecidos delataban que no era la primera vez que interrogaba a alguien así. Vanno tragó saliva, notando el sabor metálico de la sangre en su boca. —Ya te dije que no sé nada de Jayden Arango —gruñó, escupiendo al suelo, aunque su voz sonó menos firme de lo que esperaba. El segundo agente, más joven, lo miró desde el otro extremo de la mesa, cruzando los brazos. Su tono fue más frío, más calculador: —No juegues con nosotros, Vanno. Sabemos que lo conocías. Sabemos que hacían negocios juntos. Solo queremos los detalles. Vanno levantó la cabeza, sus ojos grises oscurecidos por el cansancio, pero aún conservando un destello de desafío. —Si hablara, ya estaría muerto, igual que él. Los dos agentes intercambiaron una mirada. Estaban tanteando el terreno. No tenían toda la información, pero tenían lo suficiente para ponerlo contra la pared. Y lo peor de todo era la posibilidad de que alguien dentro de su propio círculo lo hubiera traicionado. Ese pensamiento se le clavó más hondo que cualquier golpe recibido. Había protegido todo con tanto esmero: sus negocios, sus conexiones, sus secretos. Y, sin embargo, aquí estaba, atado a una silla con las costillas magulladas y un futuro cada vez más incierto. El agente mayor se inclinó hacia él, dejando caer sus manos sobre la mesa con un golpe seco. —Danos algo, Vanno. Un nombre, un lugar… o la próxima vez no serán solo preguntas y golpes. El silencio se hizo espeso, cargado de tensión. La mente de Vanno trabajaba a toda velocidad, buscando una salida. No podía delatar a Jayden, pero tampoco podía permitirse que lo dejaran ahí hasta quebrarlo. Inspiró hondo, cerró los ojos por un segundo, y cuando los abrió, su mirada era fría como el acero. —Tal vez les convenga hacer otra pregunta. El agente joven frunció el ceño. —¿De qué demonios hablas? Vanno esbozó una sonrisa débil, apenas un vestigio de su antigua arrogancia. —Tal vez deberían preguntarse como es que no pueden llegar a Arango, y qué tanto les han contado a ustedes. Un destello de duda cruzó por los ojos del agente mayor. Y en ese momento, Vanno supo que la partida aún no estaba perdida. ^^^ El reflejo en el espejo era un recordatorio de lo que había dejado atrás. Gia pasó los dedos por su cabello recién teñido, un n***o intenso que borró por completo su cabello dorado. Seguido de unos lentes de contacto que cubrían sus hermosos ojos verdes. Se veía diferente, irreconocible. Atrás habían quedado las ondas doradas que solían caer sobre sus hombros, las que Vanno solía halagar con su tono paternalista. Ahora su cabello era liso, recto, como un corte limpio con el pasado. Suspiró y se enderezó en la silla del pequeño salón de belleza en Miami. Se había deshecho de sus viejas ropas también. Ahora llevaba un abrigo de cuero n***o, botas hasta la rodilla y gafas oscuras que escondían la incertidumbre en su mirada. —Listo, cariño. Pareces otra persona —dijo la estilista, masticando chicle mientras le daba el último retoque. Gia sonrió de medio lado. Era otra persona. O al menos, iba a serlo. Gia pago con varios billetes grandes dejando a la mujer, y seguido se fue al aeropuerto. Seguía recordando el mensaje que le había enviado su amigo. “No vayas a Colombia, hay alguien que te puede ayudar, pero es muy difícil llegar a ellos. Llegate a nueva York. Mantente lejos de lugares conocidos..." El avión aterrizó en Nueva York al anochecer. Desde la ventanilla, Gia contempló el horizonte de rascacielos iluminados, un espectáculo de luces que anunciaba un nuevo comienzo. Ajustó el bolso sobre su hombro y salió del aeropuerto con paso firme, fingiendo seguridad. Sabía que la ciudad no perdonaba a los indecisos. El aire era frío y húmedo, cargado del aroma a gasolina y café barato de los puestos callejeros. Un taxi amarillo se detuvo frente a ella, y sin pensarlo dos veces, se subió. —¿A dónde? —preguntó el conductor con un fuerte acento neoyorquino Gia miró por la ventana, sus pensamientos dispersos. No podía darse el lujo de dudar. —Brooklyn, por favor. El taxista asintió y arrancó. Mientras el auto avanzaba entre el tráfico, Gia sacó su teléfono. Un mensaje sin leer la esperaba en la pantalla: Lo leyó varias veces antes de bloquear la pantalla y guardarse el celular en el bolsillo. Su pecho se oprimió un instante, pero respiró hondo y miró al frente. No había vuelta atrás. En el club "Output" encontraría la ayuda que necesitaba para sacar a su padre de ese lugar. El taxi avanzaba por las calles de la ciudad. Gia, sentada en el asiento trasero, observaba el paisaje que se deslizaba a su lado, pero su mente estaba a kilómetros de distancia, anclada en recuerdos de un pasado que se resistía a desvanecerse. La imagen de su padre, fuerte y cariñoso, inundó su mente. Recordó el día en que él le enseñó a defenderse, un día que había marcado un antes y un después en su vida. *Flashback:* Gia, con apenas diez años, se encontraba en el jardín de su casa, observando a su padre practicar movimientos de karate en el patio. La curiosidad la carcomía, y no pudo evitar acercarse. —Papá, ¿qué haces? —preguntó con voz tímida. —Entreno karate, hija —respondió su padre con una sonrisa—. ¿Quieres aprender? Gia asintió con entusiasmo, y su padre la invitó a unirse a él. Le enseñó los movimientos básicos, cómo defenderse de un ataque, cómo usar su cuerpo como un arma. —Recuerda, hija —le dijo su padre con voz seria—. No se trata de buscar pelea, sino de defenderte si es necesario. Gia asintió, comprendiendo la importancia de sus palabras. *Fin del flashback.* Una sonrisa nostálgica se dibujó en el rostro de Gia. Su padre siempre había sido su protector, su modelo a seguir. Le había enseñado a ser fuerte, valiente e independiente. El taxi giró en una esquina, y Gia se encontró frente a un lujoso y elegante club. Era el lugar donde encontraría la ayuda que necesitaba para sacar a su padre de prisión. Respiró hondo, tratando de calmar los nervios que la invadían. Sabía que este era un paso importante, un paso que la acercaría a su objetivo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR