Dos días después de aquella noche en Italia, Héctor y Gael regresaron a Colombia. El aire cálido y húmedo de Bogotá le resultó reconfortante, como si al volver, todo el peso que había sentido en Roma se hubiera desvanecido por completo. Héctor no podía estar mejor con el mismo, si semblante había cambiado totalmente, sus ganas de seguir siendo él, de vivir la vida con libertad y sin pensar en qué pasaría después. Después de una larga reunión con la familia, hablando a detalles todo lo sucedido con Vanno, ambos se fueron a descansar. Héctor se detuvo antes, necesitaba hablar una cocina con su primo. —Mañana quiero llevarme a una chica... Pero voy a necesitar la ayuda de mi amiga. —¿Y? —Que necesitaré la ayuda de alguien, que la traiga, se regresó. ¿Puedes mandar a alguien de confianz

