Mientras Héctor y Sofía disfrutaban, horas antes, Isabella subió a la camioneta con paso seguro, aunque por dentro sentía una ligera incertidumbre. Apenas cerró la puerta, se encontró con un par de ojos azul profundo que la miraban con curiosidad. Se perdió en ellos, sintiendo por un instante que estaba flotando en un océano desconocido. Su cuerpo recibió el poder de esa mirada, de esos ojos, Isabella no pudo resistirse en escanearlo todo, desde su peinado, sus fracciones y su ropa. Sin pasar por alto el cuerpo muy bien trabajado. —¿Piensas quedarte ahí mirándome toda la tarde? —La voz de Gael era grave, con un matiz de diversión. Isabella parpadeó, sintiendo un leve calor en sus mejillas al darse cuenta de que lo había estado observando demasiado tiempo. —Lo siento —dijo rápidamente, a

