1 Trinity Pude sentir casi de inmediato que no era Leo quien estaba conmigo en la cama. A mi cerebro le tomó unos segundos extra pillarlo. La sensación de esa mano sobre mi piel era diferente, humedecida por el sudor. No poseía ninguno de los callos como los de las palmas de Leo con los que ahora estaba familiarizada. Leo tenía vello en el pecho y quien ahora estaba presionado contra mi espalda estaba desnudo, sin ellos. La polla acurrucada en el pliegue de mi trasero definitivamente no era la de Leo. Se sentía inquietante e... insuficiente. Sin embargo, fue la voz la que puso en marcha mi cerebro. —Te vi hoy, Trinity, y supe que serías mía. Yo era de Leo y de nadie más. Mis ojos se abrieron, pero apenas podía ver el contorno de los muebles debido a las gruesas cortinas. Antes de que p

