Zena pensó que no lo había escuchado bien. Entonces recordó lo que Kendrick le había dicho sobre las mujeres que los hombres exhibían a sus amigos como si fueran caballos. Comprendió que las mujeres debían entregar sus favores al mejor postor. «No debo enfadarme», se dijo. «Sólo debo rechazar la oferta del Marqués con cortesía y firmeza». Pero eso era más fácil de decir que de hacer. No tardó en comprender que el Marqués era un hombre acostumbrado a salirse siempre con la suya. Sin importar las protestas que hiciera, él no parecía escucharla ni estar dispuesto a aceptar su negativa. Cuando por fin salieron del comedor, pensaba ya que la conducta de aquel hombre era del todo incomprensible para ella. De acuerdo con la costumbre francesa, hombres y mujeres se levantaron de la mesa y salie

