CAPÍTULO V Zena se quitó el traje de baile y las zapatillas de gala, pero no se desvistió más. Se tendió sobre la cama, esperando con la puerta abierta, el retorno de Kendrick. No dejaba de asombrarse por la inesperada forma en que se había involucrado en una situación tan embarazosa como la presente. Le parecía cruel e imperdonable que el Conde se hallara comprometido hasta el punto de pelear con el Marqués para salvar a Kendrick sin que ella pudiera explicarle las razones por las que éste aceptaba tal cosa. La idea de que Kendrick resultara herido, o tal vez muerto, en un duelo en París, era tan aterrorizante, que le resultaba difícil pensar con claridad. Estaba segura de que si sostenía un duelo, aun en el caso de que saliera victorioso, alguien descubriría quién era y tendrían qu

