El doctor le había quitado la chaqueta y ahora Zena pudo ver que el disparo del Marqués había cruzado la manga de la chaqueta y de la camisa, dejando una marca enrojecida en la superficie de su brazo. No sangraba mucho y el doctor vendó la herida, mientras ella observaba. —Creo que sería bueno que preguntara usted sobre la condición del señor Marqués— sugirió el Conde a Kendrick. —Espero que lo haya usted dejado imposibilitado para seguir molestando a la gente— replicó Kendrick. —Vamos a averiguarlo— señaló Anton, a su lado. Kendrick miró a Zena. —Yo llevaré a Zena a casa —declaró el Conde antes que Kendrick pudiera hablar—. Tal vez usted pueda seguirnos en su propio carruaje. El tono en que pronunció estas palabras era tan decidido que Kendrick, después de sólo un momento de vacila

