La profesora Nilda baja la mirada para ver a las tres personas que faltan de la lista.
-Pabón Brie.
Una niña de nariz ganchuda y cabello sujeto con rodete sin flequillo.
-¿De qué se disfrazará?
-De Sirena. -Responde Brie Pabón.
-Sirena, excelente. -Dice Nilda antes de volver a ver la lista.-Sorsone Deborah.
En ese momento levanté mi mano.
-¿De qué se disfrazará usted? -Me pregunta Nilda con curiosidad.
-De princesa. -Respondí.
-¿Su cabeza se convertirá en carruaje?
-Escuche que Brie Pabón le pregunta con un susurro a Graciela Naya (Su compañera de pupitre). Aunque es un susurro se escuchan las cosas o no sabían que yo estaba en el mismo salón que ellas, o no sabían que se escucha o no les importaba.
-¿Alguna princesa de algún cuento en específico? -Pregunta la profesora Nilda intrigada.
-No, solo yo. -Respondí inmediatamente.-Yo como princesa.
-Pues es un placer ser la maestra de la Princesa del salón. -Dice la profesora Nilda.-Espero que la pases bien.
Escuchar eso me hizo sonrojar levemente por lo que su mirada apenada.
-Gracias.
-El último nombre de la lista.-Avisa la profesora Nilda.-Valadez Wanda.-¿De qué se disfrazará?
Wanda Valadez es una niña de dañado cabello rubio que hacía evidente que era teñido.
-De Mariposa. -Responde Wanda.
Estos 14 restantes 5 (Facundo Dachs, Mario Dambolena, Sandra Ebora, Ángela Folks y Carolina Haase) se mantienen al margen y aunque se rieron de las bromas que le hacían a Deborah ellos no participaron mucho en la realización de las burlas y bromas.
Los 9 restantes se dividen en 5 niños (Pedro La, Walter Greendle, Diego Kilos, Enzo Nabal, Sergio Nabarro) y 4 niñas (Andrea Fisher, Brie Pabón, Wanda Valadez, Graciela Naya). Ellos eran los que siempre me molestaban. Esos 9 niños a veces molestaban por separado y a veces en conjunto, así como a veces molestaban a los otros niños además de mí, pero yo era el blanco principal de sus ataques.
Luego de preguntarle a cada uno de sus alumnos de que iría disfrazado y luego de escuchar sus respuestas satisfactoriamente la profesora Nilda Soja se puso de pie y volvió al centro del salón.
-Espero todos la pasen bien mañana en Halloween y que tengan un muy bonito fin de semana. -Dijo la profesora Nilda emocionada.
Cuando por fin sonó el timbre de la salida parecía que había logrado terminar el día en paz, pero cuando me volteo para tomar mi mochila me di cuenta de que otra vez los alumnos Walter Greendle, Diego Kilos, Andrea Fisher, Brie Pabón y Wanda Valadez se susurraban cosas mientras me observaban con malicia.
Una vez más los volteé a ver con desconfianza para ver que tanto hablaban de ella. Lo peor es que otra vez no fue solo uno o dos, eran varios de sus compañeros los que me observaban susurrando cosas así.
Entonces al tocar un lado de mi mochila ella pudo sentir algo extraño; era como tocar algo suave, parecía que tenía un pastel aplastado o desarmado dentro de su mochila. De hecho, eso fue lo que pensé en ese momento.
-¿Estás bien? -Me preguntó Lara.
Cuando volví a voltearme a verlos ellos ya se reían abiertamente.
Escuchar la risa de los demás hizo voltear a Lara, ella no llegaba a entender del todo lo que estaba pasando, pero de todos modos había algo que no le gustaba. No era la primera vez que ella los veía de esta manera y siempre era cuando se burlaban de Deborah o le hacen alguna broma pesada, así que se volteó a verme y me pregunto:
-¿Qué pasó?
-No sé de qué se ríen. -le respondí.-Algo hicieron.
La profesora de matemáticas le pareció extraño lo que estaba sucediendo, así que los observaba confundida.
-¿Qué es tan gracioso? -Le preguntó la profesora Nilda a los niños que estaban riéndose.
-No, es que nos acordamos de un chiste.-Le respondió Diego a la profesora.
Cuando abrí mi mochila lo hice solo para descubrir de qué se reían y lo que vi consigo marearme levemente. Me sentí mareada por un segundo porque al abrir su mochila pude sentir un olor repugnante y nauseabundo saliendo de su interior. El aroma hizo que Lara llevara su mano a su cara para tapar su nariz, en cambio, yo volví a cerrarla y respire profundamente. Contuve la respiración para terminar de abrir su mochila de par en par para ver qué era exactamente lo que despedía ese grotesco aroma.
-Ew!.-Exclamo Deborah dirigiendo una mueca de repugnancia a mi mochila. Y es que apestaba porque había restos de calabaza podrida dentro de su mochila.
-¿Tu cabeza de calabaza se echó a perder? -Me preguntó una niña de cabello colorado.
La niña se llama Andrea Fisher tiene piel de tonalidad intermedia (color bronce) y cabello decolorado teñido con peinado rodete y fleco recto.
-¿Qué pasó?. -Me preguntó la profesora acercándose a la mesa.
Deborah niega con su cabeza, su cabello reluce y brilla resplandeciente bajo la luz del techo del salón.
-Nada. -Volví a querer cerrar mi mochila.
-¿Cómo nada? -Preguntó Lara indignada. Ella toma la mochila que tenía sobre mis piernas y la abre frente a la profesora.
-¿Esto es nada?
En ese momento bajé la mirada con tristeza.
-¡Le pusieron una calabaza podrida en la mochila! -Dice Lara mostrándole la mochila a la profesora.
La profesora toma la mochila y ve su interior. Efectivamente, ahí había restos de una calabaza podrida en mi mochila, por suerte para mi carpeta y cartuchera estaban en la mesa.
Lo único que había en la mochila además de la calabaza podrida era el táper con el almuerzo que mi madre le había preparado.
-¿Quién hizo esto? -Pregunta la profesora con indignación sosteniendo la mochila de Deborah en una mano.
-Déjelo así... -Pide Deborah a la profesora.
-No te preocupes. -Le responde la profesora Nilda a Deborah.
Nilda voltea a ver a los demás alumnos otra vez.
-¿Quién fue el que hizo esto? -Insiste la profesora Nilda. Ella espera la respuesta de sus alumnos, pero ellos solo se quedan callados observando hacia abajo sin pronunciar palabra.
Era difícil que alguien dijera algo, ya que de todos los chicos en el salón la gran mayoría disfrutaba burlarse de Deborah.
-¿Nadie? -Pregunta la profesora observando a sus alumnos. -Ok, entonces todos los alumnos de este salón menos Abad, Abascal, Acebedo, Babier, Caamaño, Caballol, Calviño, Cantero, Orea y obviamente Sorsone se van a quedar después de clases hasta que llegue el grupo del turno tarde a escribir una y otra vez "no debo meterme con los útiles escolares de mis compañeros".
En ese momento 11 de los 14 niños comenzaron a señalar a tres niños (Walter Greendle, Diego Kilos y Andrea Fisher). La profesora Nilda observa a esos tres alumnos.
-Ustedes tres se van a quedar 1 hora después de clases hasta que llegue el otro grupo y van a escribir toda esa hora.
-¿¡Que!? -Pregunta Andrea enojada.
-Que lo hagan ellos, si yo no hice nada. -Exclama Walter cínicamente.
-Dije que lo van a hacer todos. -Les responde la profesora.
-¡Es ridículo!, ¡yo no voy a quedarme a hacer nada!. -Avisa Andrea en tono desafiante.
-Entonces estás suspendida.-Le responde la profesora Nilda.-Igual que estarán suspendidos los demás si no hacen lo que les dije.
Los alumnos se quedan callados pensando que no les queda de otra que hacerlo. En ese momento sonó el timbre de la salida y ya era el momento de ir a almorzar antes de irse a sus casas, pero Deborah tuvo que quitar la calabaza podrida de su mochila y tirarla a la basura antes de ir a almorzar.
A pesar de lo sucedido hoy en la escuela Lara me aconsejó que intentara no dejar que eso me moleste. Al salir del colegio como es costumbre Lara y yo fuimos juntas.
No podía creer que tuviera que aguantar eso todos los días.
-No les hagas caso. -Exclamó Lara.
-Ya estoy harta de que todo el mundo siempre se metan conmigo. -Respondí caminando malhumorada.-¿Por qué solo me molestan a mí?
-Molestan a todos... aunque si se ensañan más contigo. -Responde Lara.
-Voy a matarlos a todos. -Dije en tono sombrío.
Lara volvió a verme sorprendida. No podía creer lo que acababa de oír.
-No puedes estar hablando en serio.
Hice una pausa quedándose en silencio unos segundos antes de responder:
-No, creo que no...
Por supuesto que estaba mintiendo, la venganza es lo que más deseaba, ya no estaba dispuesta a seguir aguantando sus tonterías.
La idea de venganza era algo que todos los días cruzaba mi cabeza.
Cuando entré a casa me dirigí directamente a las escaleras, estaba sola por una o dos horas y ese era tiempo que normalmente aprovechaba para recostarme en mi cama y oír música.
Yo salía de la escuela a las 13:00 hs y estaba sola hasta la 14:00 o a veces a las 15:00 ya que mi madre estaba en su clase de arte porque quería ser artista, para eso dejó su empleo como secretaria. De hecho, ella ya vendió pinturas y esculturas suyas en varias exposiciones de arte, y porque este mes finaliza sus clases dedicará su tiempo a sus obras y a su hija.
La principal razón para hacer eso es que quería pasar más tiempo con su hija. Por otro lado, yo casi no veía a mi padre y eso era porque era piloto para una de las aerolíneas más importantes y cuando llegaba lo hacía muy entrada en la noche, cuando Deborah ya se encontraba durmiendo.
Cuando entré a mi habitación encendí mi equipo de música poniendo una canción del antiguo Rock estadounidense para recostarme en mi cama a ver el techo. Oír música me relaja bastante, tanto que no llegue a notar que ya se me estaban cerrando los ojos hasta que me quede profundamente dormida.
Repentinamente, desperté al sentir a alguien tocando mi hombro, al abrir mis ojos vi a mi madre frente a mí.
-Por fin despiertas! -Me dijo mi madre observando, estando de pie junto a la cama.
-Hola mamá. -La saludó Deborah sentándome en la cama.-Se ve que me quedé dormida.
Mi madre soltó una risita.
-Si, eso pudo notarse.
Di un bostezo mientras extendí mis brazos estirándose para luego preguntarle a mi madre:
-¿Qué hora es?
-Las 05:00 P.M. -Le respondió ella.
Al oír eso quedé boquiabierta de sorpresa.
-¿Dormí 4 horas? -Le pregunté a mi madre.-No puedo creer que fuera tanto.
-Y hubieras dormido más, pero se me hizo raro que no bajaras a merendar, pensé que estabas enferma. -Me responde mi madre.- Me dio pena aun así despertarte.
-¿Por qué? -Le pregunté a mi madre.
-Es que te veías tan tranquila que me dio pena despertarte. -Confesó mi madre.-Pero si duermes ahora después de noche no vas a poder dormir.
Eso es verdad, las veces que tomaba una siesta de día al llegar la noche no podía dormir.
-Si, gracias mami. -Le respondí.
-A propósito, ¿quieres un vaso de leche chocolatada o un té con galletas para merendar? -Me preguntó mi madre.
-Sí mamá, por favor. -Le respondí.
-¿Quieres que te lo traiga o vas a merendar a la mesa? -Me preguntó mi madre.
-Hay voy, mami.-Le respondí sonriendo.
La señora Sorsone le sonríe a su hija con ternura antes de ir hacia la puerta.
-¿No me llamo Lara? -Le pregunté a mi madre antes de que saliera del habitación.
-No, ¿estabas esperando su llamado por lo de la calabaza para Halloween?-Me dice mi madre.
-Si, se supone que llamaría para avisar que saldría en camino. -Le respondí a mi madre.-Es raro que aún no haya llamado. Ya no debe tardar.
-Si se queda podré retratarlas juntas después de ir por las calabazas. Ya me gradué de arte y quiero que lo primero que haga sea una pintura tuya y de ella que es tu mejor amiga.-Me dice mi madre.