Nathaniel.
Presente.
—¡Por favor, Nathaniel! —Suplica mi hermanita.
—No, Jessie. —niego con la cabeza. —Estamos en nuestro día. No voy a hacerlo.
—Vamos, hazlo por mí. —junta sus manos y hace un puchero.
—¡Dije que no! —Gruño.
Ella quiere que le pida el número a la chica que nos está atendiendo en el restaurante. Y que la invite a salir. Obviamente no pude ocultar mi atracción hacia ese ángel. Es que es preciosa.
Me estoy volviendo loco.
Soy una piedra en mis pantalones cada vez que la veo atender a las otras personas. Me gustaría solo que me atendiera a mí.
Con otro vestuario... con menos ropa.
Jesús. Odio mis pensamientos de adolescente cachondo.
En serio necesito urgentemente a una sumisa.
El problema es que ya no quiero a otra mujer. Quiero a esta castaña que está atendiendo a una familia y sonriéndole al pequeño niño que está en su asiento.
—¡Ay, Nathaniel! Sabes que conmigo no te va tu mirada de chico malo. —rueda los ojos. —No soy uno de tus empleados al que puedas gritarle. Porque sabes que puedo hacer más ruido que tú. —Amenaza.
Sí, sé que puede discutir conmigo y terminar en una pelea fuerte. Mamá siempre nos decía que parecíamos gato y perro.
—Sabes que no haré eso. Si la chica te gusta, pues has algo. ¡Lucha por la mujer, hermano! —Enseña su brazo mostrando la valentía que tienen sus palabras.
—¡No le voy a pedir el número, Jessie! —Me desespero.
—¡Oh vamos! Eres un chico guapo, además eres un Hudson. Sos irresistible, al igual que yo. —Dice encogiéndose de hombros.
—¿A quién viste para decir que eres irresistible, Jessie? ¿Debo de preocuparme por algún chico que esté detrás tuyo?
Sabe que soy muy celoso con cualquier hombre que se acerque a mi hermana. Ninguno es digno para ella y no quiero que sufra por un idiota.
—Hermano, estamos hablando de ti. No cambies de tema.
Jessie se salvó de mi interrogatorio.
Por el momento.
Vuelvo a ver a la mesera. Y veo que somos demasiado diferentes. Estoy seguro de que ella no es sumisa. Nunca va a ser digna de mí. Aunque...
—No Jessie. Ya deja de decir cosas que no son. —Gruño.
La chica guapa llamada Daphne vuelve con los platillos que pedimos. Otra vez me vuelvo a sentir nervioso, pero no puedo apartar los ojos de ella.
Dios. Es tan bella.
— Una lasaña para el señor y unos espaguetis para la señora. —Dice con una pequeña sonrisa.
Mmm. Me gusta. Ese "señor" me está volviendo loco. ¿Podrías repetir esas palabras? Mientras azoto tu sensual trasero, cariño.
—¿Señora? ¡Oh, no! Dios libre estuviera casada con este gruñón. Soy su hermana. —Se acerca con complicidad a la mesera y le susurra. —Está soltero y al parecer vio interés en ti. Podrías hacer el primer movimiento, ¿sabes? Parece que es muy tímido. —Se ríe.
¿Qué? Oh no, no puedo creer que lo esté haciendo.
—Jessie. —Gruño fulminándola con la mirada.
Pero ella sigue hablando con la mesera. La chica tiene una sonrisa burlona. Pero nunca me vuelve a ver. ¿Por qué no me ve? ¿No le parezca atractivo?
Por primera vez en mi vida no sé qué hacer.
—Bueno. Si me necesitan nada más levanten la mano. Y vendré. —Dice con una sonrisa y se va.
—¡Es demasiado linda! ¡Tienes que conocerla! Es más... la voy a hacer mi amiga. Me cayó super bien. —Dice Jessie con una sonrisa.
—No puedes ser amiga de alguien que acabas de conocer, Jessie.
—¿Entonces como se hacen los amigos, Nathaniel?
No digo nada, solo sonrío y como esta deliciosa lasaña.