El anhelo de un futuro juntos.

2748 Palabras
Morgan Wright —¿Qué hace aquí? —preguntamos Astor y yo al unísono. Mi madre, despreocupada, toma una taza de chocolate caliente. Con la otra mano agarra la botella de ginebra y le echa al chocolate. Se lleva la bebida a los labios, pero se detiene al ver que papá y yo estamos de brazos cruzados. —¿Qué? No me digan que no han probado esta combinación. —Estamos esperando que respondas a nuestra pregunta —le digo con un tono exigente. —Ah, sobre Blossom. —Ella echa un vistazo hacia la calle, donde Rino sigue esperando en su coche—. ¿No creen que se ve encantador de n***o? Astor niega con la cabeza, a lo que ella se ríe divertida. —¿Por qué reaccionan así? El hombre no es un delincuente. —Parece pensar algo—. Aunque todos los políticos lo son; al menos él se ve bien de n***o. —Espero que su familia también, porque Enzo lo matará si sabe que está aquí. Un grito de miedo brota de mi garganta, mientras mamá niega con un agitado movimiento de cabeza. —Mi padre solo es un viejo gruñón que no supera su pasado con Susane Blossom. ¡Oh, qué culpa tiene el encantador Rino! —Se deja caer en la mecedora donde yo estaba hace unos minutos—. Ustedes, los británicos, son unos resentidos. Es lo único original que tienen. Mi madre suele hablar de los británicos como si ella no fuese una, aunque en mi opinión es una británica total. La diferencia es que ella prefiere hablar sin rodeos de la élite y de los defectos sociales sin creerse mejor que ellos. Eso es lo que la hace auténtica, aunque si le preguntas a mi padre, dirá que es muy liberal, y estoy segura de que eso es lo que le gusta de ella, aunque también es lo que el abuelo no soporta de su hija. —He traído al chico porque dijo que quería hablar con mi Morgan. —¿De verdad? —pregunto. —Me lo encontré en el hospital, fui porque Igor se intoxicó con la langosta. —¿Quién es Igor? —preguntamos papá y yo. —El nuevo jardinero. Es ruso, lástima que su nombre sea tan horrible, pero el chico lo compensa con sus brazos fuertes. ¿Les dije que fue peleador profesional? —Estamos esperando detalles de por qué trajiste al Blossom aquí —le recuerda Astor. —Oh, sí. Como decía, estaba en el hospital con Igor. Por casualidad escuché a Susane Blossom hablando con una enfermera sobre su nieto, quien tuvo un accidente. Me alarmé creyendo que mi padre tenía algo que ver… —El abuelo no le haría daño a un niño —refuto con la necesidad de defenderlo. —Lo sé, cariño. Pero Susane lo culparía de cualquier cosa. En fin. Fui de entrometida a preguntar sobre la salud del pequeño y me encontré con Rino discutiendo con la duquesa… Mi padre me regala una mirada como si quisiera asegurarse de que estoy bien. Ya sabía que Angelina estaba con él, así que el hecho de que mamá lo diga hace no hace que duela más. —Antes de que me retirara, él me vio, así que me buscó. Me contó que estuvo contigo y que quería decirte algo. Por supuesto, sabiendo que tú estabas con tus primos, decidí no ayudarlo. Hasta que te vi en la casa, toda triste, sabía que vendrías con papá Astor, y por eso fui por el señor Blossom. ¿Qué tal? —Es una locura —le dice Astor—. ¿Tenías que traerlo a mi casa? —Si te preocupa que mi padre lo sepa, no te preocupes, yo asumiré la culpa. —No se trata de eso, Christine. No creo que Morgan necesite hablar con él ahora… —Pero él dice que quiere hablar con ella. Quizá deberías escucharlo, cariño. No cualquier hombre te buscaría a las dos de la mañana con altas posibilidades de recibir un disparo por el abuelo de su querida. ¡Qué romántico! Mi padre niega resignado. —¿Qué hay de romántico en recibir un disparo a las dos de la mañana? —¡Sería una historia única! Ni siquiera Romeo y Julieta tendrían un final tan brillante. Mientras papá sermonea a mamá, mi atención se desvía hacia la calle nuevamente. Rino ya no está recostado sobre su auto; ha abierto la puerta como si estuviera por irse. El gesto provoca una ligera decepción en mí, aunque no me atrevo a admitirlo. ¿Debería ir con él y decirle que ya todo terminó? ¿Debería ir a informarle que mi decisión definitiva es tirar la toalla, ya que ninguno de los dos está dispuesto a traicionar a su familia? Sí, eso es lo que debería hacer. El problema es que la sola idea de acercarme a él hace que mi resolución flaquee; no es justo que mis emociones me sometan de esta manera ante su encanto. Lo peor de todo es que él logra doblegarme sin siquiera intentarlo. De todos modos, ¿qué hace él aquí? Dejó claro que no me quería a su lado en el momento en que llamó a mis primos para que fuesen a por mí en el hospital. —Mi Morgan, ¿qué estás esperando? Los caballeros son muy educados, pero se cansan muy pronto —dice mi madre, que sigue bebiendo de su taza de chocolate. —¿Quieres que hable con él? —me pregunta Astor con esa mirada amistosa que me da tanta confianza. —De ninguna manera, él no ha venido a hablar contigo, Astor. No te comportes como el papá bravucón, el muchacho solo quiere decirle unas cuantas palabras a nuestra Lovie. —El abuelo nos matará a los tres… —digo en voz baja, como si quisiera que Rino no escuche. Lo cual es imposible, ya que está a más de tres metros de distancia. —Por Dios, Morgan. Deja de pensar en tu abuelo… ¿Crees que si yo pensara en él me habría metido con tu padre? Si lo hubiera hecho, tú ni siquiera estarías aquí, y eso sería una lástima. —Ella se levanta—. Amor mío, piensa en ti aunque sea esta vez. No te pido que vayas a una notaría a casarte con Blossom. —No le des ideas —objeta papá. —Sé que no lo harías, eres muy inteligente para amarrarte a un matrimonio. Solo te aconsejo que lo escuches a él y te escuches a ti. ¿Puedes…? Asiento sin saberlo, luego niego con la cabeza, pero es tarde porque Christine ya está haciendo de las suyas. Se apoya en el balcón del porche y, con esa voz de sirena encantadora, grita: —¡Señor Blossom, acérquese, por favor! Me quedo de pie, congelada en mi lugar mientras observo cómo Rino vuelve a cerrar la puerta de su coche y, sin dudarlo, camina hacia la casa. Sus pasos son pausados, seguros; a medida que se aproxima, no hago más que fijarme en su rostro, tan serio como ilegible. Me gustaría saber qué hace aquí, qué es eso que tiene por decirme si entre nosotros ya todo quedó dicho. —Vas a ser mi muerte, mujer —le dice Astor a mamá, quien está sonriendo como una niña traviesa. —Oh, eso suena mejor que ser el amor de tu vida, mi estimado Astor. Uno puede olvidar al amor de su vida, pero jamás al motivo de su muerte, incluso si va al infierno. —Ella me mira—. No te preocupes, querida, tu padre es demasiado santo para ir al infierno. En otras circunstancias, me habría reído de la reacción resignada de papá. El pobre ya no está para soportar toda la energía de mi madre, quien cada día parece hacerse más joven y traviesa. —Buenas noches… El aliento se me escapa sin aviso al escuchar aquella voz grave y sonora. Doy un paso hacia atrás solo para poder verlo mejor. Rino está al lado de mi padre y lo saluda a él, aunque su mirada se centra únicamente en mí. Mis latidos se aceleran. Las manos me sudan. Mis nervios me traicionan. —Oh, ustedes los ingleses, tratando de compensar su falta humor con la formalidad. —Christine se acerca a Rino—. No seas tan formal, querido, estamos en confianza. Ya conoces a Astor; no le temas, ya está muy viejo como para hacerte algo. La mirada de Rino sigue puesta en mí, aunque mi madre le habla con tanto ímpetu. —Ahora los dejaremos solos, ustedes tienen mucho de qué hablar… —¿Irnos a dónde? —pregunta Astor, esta vez con el ceño fruncido—. Las visitas a las dos de la mañana no pueden ser privadas. —¿Lo dices tú, que te colabas a mi habitación a las tres de la mañana? No recuerdo que necesitaras testigos —le responde mamá, y mi padre se pone rojo de vergüenza—. Sí, eso creí. Vamos, necesitamos hacerles un poco más de chocolate a los chicos. Christine lo levanta de la mecedora, pero Astor, en lugar de retirarse, se acerca a mí. Toma mis manos y me pregunta: —¿Segura que quieres hablar con él? La preocupación en sus ojos me conmueve. Puede que tenga a los padres más peculiares, pero se preocupan por mí. Asiento a su pregunta, lo que parece aliviarlo. Me da un beso en la frente y luego deja que mamá se lo lleve. —Mantén tus manos en su lugar, muchacho —es la última advertencia de mi padre hacia Rino. Por supuesto, Christine rueda los ojos y lo empuja hacia adentro de la casa. Al estar solos, con el viento frío a nuestro alrededor, la luz amarilla de la lámpara creando un ambiente más íntimo, mis nervios empiezan a hacer acto de presencia a través de mis manos temblorosas. La voz se queda atascada en mi garganta como si mi sistema estuviera impidiendo que yo pronuncie las primeras palabras de esta futura conversación. Rino avanza hacia mí, no acaba con toda la distancia, ya que al percibir lo cerca que está, retrocede y se apoya en el balcón blanco. Mira hacia la calle como quien parece reflexionar sobre algo importante. —Perdóname —susurra en un tono bajo y agrietado. La petición me toma por sorpresa, el temblor de mis manos desaparece por completo, es como si escuchar esa disculpa me diera valentía. —No debí permitir que te fueras así… Es tan solo que creí que era lo correcto dejar que te fueras con tus primos. —¿Lo mejor para quién? —Para ti. Si te quedabas conmigo un minuto más, tu familia creería que los habías traicionado… Mi propósito no ha sido otro que protegerte a ti y a eso que tanto amas. —¿Cómo sabes qué es lo que amo? Ladea la cabeza hacia mí, mirándome con una pequeña sonrisa… —Porque conozco muchas cosas de ti. Amas a tu familia, has vivido toda una vida sin ellos y no quiero ser la razón por la que pierdas eso que tanto te costó tener. No merezco ser ese motivo. Esa última frase provoca que recuerde lo que Hope me dijo hace unas horas en el restaurante, aquello de que Rino no se cree merecedor de amor. —Entonces solo viniste a pedirme perdón por decidir por mí. —Casi lamento que mis palabras sonaran a reproche. —Vine a pedirte perdón porque no podía dormir al recordar cómo tus ojos se llenaron de lágrimas por mi culpa. —Se aparta del balcón y camina hacia mí, deshaciendo la distancia que nos separa—. Fui muy egoísta al permitir que te escaparas conmigo sabiendo que eso tendría consecuencias, fue un anhelo egoísta de mi parte. —¿Te arrepientes? —No —responde con firmeza. Por un instante me concentro en ese vacío en sus ojos—. Aunque pueda parecer un desastre, esta fue la mejor noche de mi vida. Por un momento probé el sabor de la libertad a través de tus labios. —Su mano sube por mi rostro y con su pulgar acaricia mi labio inferior; el toque envía una corriente por todo mi cuerpo—. Fue suficiente para darme cuenta de que eres increíble… —Pero no suficiente para ti —refuto. Él parpadea un par de veces. —No soy suficiente para que te arriesgues por mí. Lo sé. —Yo soy quien no es suficiente para ti, no podría darte… —Tiré la toalla —lo interrumpo. Un silencio filoso flota a nuestro alrededor, es tan asfixiante que lo siento en mi cuello tratando de asfixiarme—. Tú me gustas mucho, sin embargo, no creo que sientas lo mismo por mí. —Morgan, yo… —Apoya su frente sobre la mía—. No sé cómo hacerlo. Te anhelo con tu forma caótica, pero no sé cómo amar… —Sí sabes, solo crees que no eres capaz. Amas a Garrett, y mí me anhelas eso es… —No es amor, es dolor. No puedo amar sin dolor, porque todo lo que tengo dentro de mí es dolor, y tú no mereces eso. Pero… a veces, cuando estás cerca de mí, siento felicidad. Deseo eso y no puedo tenerlo, como no puedo tenerte a ti, mi señorita Mozart. Es una confesión, una que se mete muy dentro de mí. Algo aprieta mi pecho como espinas clavándose en él. Mi respiración se vuelve irregular puesto que empiezo a entenderlo. Rino no solo quiere ser leal a su familia, también tiene sus propias heridas, sus propios dolores, y eso le impide desear algo para sí mismo. Me pregunto qué tanto hay dentro de ti, Rino… ¿Por qué te limitas a recibir cosas tan maravillosas? —Rino, si renuncio a ti es porque creo que no puedes corresponderme, ahora creo que no te lo estás permitiendo… Lo nuestro es difícil… —Pero no imposible… Retrocedo sorprendida. Él me está mirando con una chispa furtiva bailando en sus ojos. El vacío se ha ido… —Es… —Morgan, no vine aquí solo a pedirte perdón. No podía dejar de pensar en ti y la idea de dejar de hacerlo era insoportable… Prefiero pensarte aunque seas solo un anhelo, prefiero vivir con tu recuerdo, Morgan… Pero lo que realmente anhelo es estar contigo libremente. —¿Ese es tu anhelo? —No tienes que creerme, pero al pensar en ti, el futuro no se ve desastroso. —Su mano acaricia mi mejilla—. Señorita Mozart, vine aquí para pedirte que me esperes… —¿Esperarte…? —Me tomará algún tiempo, pero resolveré las cosas con mi familia. Debo seguir siendo un Blossom hasta que pueda tener a Garrett conmigo. Cuando ya no tenga que estar atado a mi apellido, vendré por ti. —¿Es una promesa? —pregunto, y él asiente—. ¿Cuánto tiempo? —El necesario… Mucho. —Sonríe con tristeza—. Si alguna vez sientes que no puedes seguir esperando, que alguien… alguien más te llama la atención, no dudes en… Me pongo de puntillas, lo tomo de la camisa y estrello mis labios contra los suyos. Él corresponde sin dudarlo. Me sostiene por la cintura para acercarme a su cuerpo. Por un momento siento que la respiración me falta, aun así, no me aparto. Disfruto la sensación de sus labios sobre los míos. No sé cuánto tiempo pasa cuando me separo. —¿Estás llorando? —me pregunta preocupado—. ¿Hice algo mal? —Sí, te tardaste mucho en proponerme esto. —Me limpio las lágrimas—. Estaba a punto de tirar la toalla. —Perdóname. —Solo si nunca te rindes. Por favor, voy a esperarte, tú también hazlo. Asentimos a la vez. —Mi señorita Mozart, eres mi más grande anhelo. Nos fundimos en un abrazo cálido. Al levantar la mirada, encuentro a mis padres en la puerta. Mientras mamá sonríe emocionada, Astor me observa con complicidad. Eso significa que guardarán mi secreto. Ahora tengo un secreto con Rino, un pacto. Debo esperar por él y lo haré, sin importar que pasen años, sin importar que el mundo se ponga en nuestra contra, porque nuestro final será terminar juntos, ¿verdad? ¿Verdad?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR