Mi anhelo más dulce: Rino POV. (Exclusive)

2791 Palabras
Rino Blossom Personalmente, no soy fan del invierno. Las lluvias y el clima templado le dan a la vida un aire solitario y gris que provoca aquellos sentimientos de nostalgia que trato de ocultar tras la máscara que mi familia ha intentado construir para mí, para que la lleve ante el mundo y me muestre como un hombre de poder, digno de temor y respeto a partes iguales. Solo que, a este punto de mi vida, esa máscara ya ha diluido tanto lo que soy que me provoca desagrado… Estoy en contra de las quejas, no son más que una pérdida de tiempo, lamentos innecesarios, pero he de admitir, ahora en mi momento más sincero, que no tengo más que molestias y ganas de retroceder el tiempo. Retroceder a aquella época en la que tenía siete años y, en medio de la noche, bajé las escaleras para buscar leche caliente, ya que no pude comer por una de las tantas peleas de mis padres. Aquella noche, cuando todos dormían y sonidos que para mí eran casi familiares me llevaron al despacho, vi a mi padre sobre una mujer mientras le decía “palabras groseras” incomprensibles para mi edad. Debí decirle a mi madre que mi padre la engañaba y convencerla de que nos fuéramos a Rusia a rehacer nuestras vidas. Si lo hubiese hecho, no estaría cargado con el abrumador peso de ser un Blossom. El lado jodido, el que me hace retractarme de mi arrepentimiento, es ella: si hubiera hecho eso, no me habría criado como un Blossom y, si no fuese uno, no habría vuelto a ver a la pequeña Mozart. Han pasado tantos años desde la primera vez que la vi. Todavía recuerdo su mirada salvaje, su cabello largo, sucio y desaliñado mientras peleaba por lo que quería. Tan solo era una jovencita desamparada, así que verla años después siendo una Wright… eso es una ironía. —No me digas que no se han presentado los demás. La abuela Susane se acerca en compañía de Oddeo, su mayordomo, quien es más como su asistente. Un cincuentón con rostro amargado, voz áspera y actitudes de alguien cuyo mayor placer es esparcir regaños y órdenes. Ambos caminan por el jardín de la mansión hacia la pérgola donde yo me encuentro esperando. —El señor Alex bajará pronto —responde Oddeo con ese tono complaciente que solo se le ve con mi abuela—. La niñera le ha complicado las cosas… —¿Sigue teniendo problemas con eso? —La abuela rueda los ojos, algo frustrada—. Me haré cargo del problema. Como siempre, arreglando los desastres de esta familia. Oddeo la mira por un momento, como si quisiera decirle algo. No lo hace, y me pregunto si sus pensamientos eran algo parecido a “desastre que usted misma quiere arreglar”, pero él no se atrevería a soltar tales palabras contra su patrona. La abuela me encuentra en medio del juego de muebles franceses dispuestos en la pérgola. Me da esa sonrisa maternal por la que mis primos creen que soy su nieto favorito. Apresura el paso sin perder la postura, por supuesto, apoyándose en ese bastón que no necesita y que solo usa para recordarle a Enzo Wright lo débil que se ve. —Como siempre, tú tan puntual —me dice, rodeando el sillón para llegar hasta mí. Las muestras de cariño son raras de su parte y nunca las exhibe en presencia de extraños, pero se toma su tiempo para pellizcarme la mejilla y dejarme un beso como cura para el ligero picor—. Eres el único Blossom que hace honor a su apellido, lovie. La abuela se deja caer en el sillón a mi derecha, su bastón a un lado. Oddeo se mantiene de pie, no tan cerca de nosotros. Intento ignorarlo, pero su mirada cae sobre mí como la de un águila encargada de vigilar. Él siempre ha tenido esa actitud que te hace sentir incómodo con tu propia piel. A veces me observa con sospecha, como si supiera algo sobre mí o como si desconfiara. No sé a qué se debe, puesto que, aunque ser un Blossom es muy abrumador para mis gustos solitarios, no he actuado fuera de la regla. —La reunión con el gabinete terminó pronto —respondo a mi abuela, quien ahora observa un periódico en la mesa de centro. Lo encontré al llegar, y mentiría si dijera que la primicia no despertó un miedo turbulento en mí. Mi abuela lee el encabezado en voz alta: —La encantadora nieta de Enzo Wright ha aceptado públicamente estar comprometida con Jasper Debney. ¡Qué unión tan inesperada, pero maravillosa! Maravillosa es el adjetivo con el que la prensa lo califica, ya que se trata de dos familias de poder, dinero y, más importante, dos familias con un legado que pesa más que cualquier cosa en nuestra sociedad. Morgan está comprometida con él y, si no hubiese hablado con ella hace una semana sobre esto, me estaría volviendo loco. Sus primos quieren enviarla a Nueva York y, desde luego la chica trata de convencerlos (o amenazarlo si es más claro) de que se casará si no la dejan en paz. —Los vulgares de los Wright se unen con la hipocresía de los Debney —comenta mi abuela con un gesto de asco—. Son tal para cual. La señorita Mozart no es para él. Ella es para… —Esto debe ser obra de Enzo. —La abuela deja caer el periódico en la mesita—. Ese viejo es cada vez más maldito. —Lo dices porque lo odias —replico. —Lo digo porque es la verdad. Prometió no juntarse con los Debney y, míralo… Su única nieta se va a casar con uno de ellos. Por supuesto, el enemigo número uno de mi abuela es el magnate Enzo Wright. Sin embargo, he crecido viendo cómo tiene un fuerte resentimiento hacia la familia Debney y mucho me temo que se debe a que la matriarca de los Debney dice que los Blossom no somos más que gente con dinero que trata de pertenecer a un lugar en el que no encaja. Los Blossom no somos más que nuevos ricos tratando de recuperar un legado perdido. —Qué pena por la chica. Es demasiado inteligente para ese destino, pero es una Wright y le deseo la misma suerte que su abuelo. Este es uno de esos momentos en los que compruebo que mi abuela, a pesar de su cariño hacia mí, no deja de ser una mujer cruel. —¿Tardaremos mucho en la reunión? —menciono con la notoria intención de cambiar el tema de conversación. Por suerte, mi abuela lo toma a bien y me sonríe en respuesta. —Llevo media hora esperando. —Es porque eres el único que respeta los acuerdos de la familia. —Ella observa su reloj—. ¿Por qué tu padre no vino contigo? —Tenía cosas que hacer… —Como irse a un motel luego de recibir una llamada de su amante de turno, pero estoy seguro de que no necesito ser explícito, la abuela Susane sabe mejor que yo las andanzas de su hijo—. ¿Qué hay de Alex? —Sigue tratando de lidiar con sus hijos, pero ya vendrá. Le conviene la reunión… Tanto como a mí. Esta reunión es la oportunidad que tengo para negociar mi lugar en las empresas Blossom. Si me quedo como el CEO de ellas, puedo retirar mi carrera política, lo que implica el beneficio de saldar mi deuda con mi padre, negociar la custodia de Garrett y ser libre de hacer con mi vida lo que quiera. Solo necesito que ellos acepten darme el puesto. No debe ser difícil, mi primo Alex ha rechazado el puesto durante años, su hermano apenas si se acuerda de cómo se llama, así que soy el candidato perfecto. —¿No has hablado con Cole? —Ella no espera mi respuesta—. No debí dejar que ese holgazán se mudara. Ahora no hace más que aparecer cada dos días con una nueva puta de su brazo. —Su mirada cae sobre mí con algo de aprecio—. Rino, al menos tú nunca me das dolores de cabeza. Tus primos son un desastre, tú eres tan perfecto que… —Soy demasiado real para ser un Blossom —bromeo. La abuela se ríe, aunque percibo que no le gustó la broma. —Tú eres un Blossom. No lo dudes, lovie. —Señora… —Oddeo señala hacia la casa—. Ha llegado el joven Cole. Vemos a mi primo que viene con el aspecto de alguien que acaba de ser echado de una discoteca a las tres de la mañana. Lleva un vaso en la mano, se tambalea mientras se ajusta los lentes de sol. La abuela lo observa con desaprobación. —Espero haber llegado a tiempo —dice Cole al llegar a la pérgola—. El tío Roland mencionó que mi presencia se requería para… ¿de qué se trata esta reunión? —Se deja caer en el asiento del frente—. Solo espero que sea algún acuerdo mundial donde le subamos los impuestos al puto sol. Esa bola de fuego me hace sentir en la luna. —Seguro te sientes así por la porquería que consumes en los clubs. Cole levanta una mano con pereza. —No me drogo, abuela. Soy muy Blossom para eso —la ironía en su voz molesta a la abuela—. El sexo es suficiente para hacerme volar. Y hablando de ello, necesito que apresuren la reunión familiar porque me esperan en la sala. La abuela frunce el ceño. —¿Trajiste a una puta a mi casa? —Alex tuvo hijos con una y no le dijiste nada. —Él bosteza—. A tus nietos no les gustan las mujeres decentes. Mira a Rino: se casó con una salvaje que lo dejó por el nieto de tu enemigo. Al menos la tal Samara era encantadora. Angelina, por otro lado, es una imitación barata de María Antonieta de España. —Francia —le corrijo con ironía. —Estoy muy cansado para recordar localidades. —Cole parece luchar contra el sueño—. Por cierto, ¿necesito firmar algo? Porque si es así, puedo darte mi huella… Deja caer su brazo en la mesa de centro. La cara de la abuela se vuelve roja al ver que él lleva un anillo femenino de la última colección de los Wright. Para su pesar, Cole ya está roncando, completamente vencido por el sueño. —Él me va a matar… —se lamenta la abuela, tocándose la frente con pesar—. Oddeo, ve y llama a Alex. Necesito terminar esta reunión y llevar a Cole con un psiquiatra. —No está loco, solo borracho —le señalo—. Ya sabes cómo es. Solo se comporta así porque lo echaste de la casa. —No quería hacer nada más que respirar…, es un completo comodín. —Ahora está trabajando con mi padre. —Treinta minutos y luego se va de fiesta. —Vuelve su atención al anillo de Cole—. Y ahora desperdicia mi dinero comprándole joyas al vulgar de Enzo. Escondo una sonrisa burlona. Me atrapa en el acto y, como si lo supiera, mira el reloj de bolsillo que tengo entre las manos. Es una edición clásica y limitada de la autoría de Samara y, puesto que somos amigos, compré uno. —Tú también los apoyas. —Samara es mi amiga. —La mujer que te dejó por Aidan. —No fue mía para empezar. —Dejo caer el reloj en mi bolsillo—. No siento que haya sido un fracaso. Al menos soy el padrino de Amara y, por mucho que odies a los Wright, admitamos que esa niña es encantadora. Además, no podría estar con Morgan si siguiera casado con Samara. Aunque, claro, haber estado casado con Sam agrega otro motivo para que Aidan me odie y me quiera lejos de su prima… y de su esposa. —Y sus joyas son bastante buenas. Especialmente las de Samara. —Oh, cómo siento que mi querido nieto me traiciona —dice en un tono divertido que nos hace reír a ambos. Oddeo regresa y tras él viene mi primo Alex. —Deberías disculparte por hacernos esperar… —lo reprende la abuela. Alex no se molesta en responder. Mi primo es de modos reservados, aunque todos saben lo gruñón y autoritario que es. Hasta ahora me sorprende que tenga hijos. Se queda de pie al lado del sillón donde duerme su hermano Cole. Como era de esperarse, Alex lo mira con enojo. Ellos son tan diferentes que chocan entre sí. —Podríamos apresurar la reunión. Tengo que viajar esta noche… La abuela lo mira con ironía. —¿Otra vez vas a volver a ese pueblucho? —Tengo negocios que atender, abuela —responde Alex. —Pues será mejor que canceles ese negocio. Porque tus acciones ahora pertenecen a las empresas familiares y si quieres recuperarlas debes hacerte cargo de las empresas Blossom. Si no, has de perder tus negocios en ese pueblo de pacotilla. Las palabras de mi abuela nos dejan helados a todos. A mí, porque se supone que ese iba a ser mi lugar; y a Alex, porque él nunca lo quiso. —Estoy cansada del desastre de todos mis nietos. —Abuela, no quedamos en eso… —refuto. —Sé que quieres deshacerte de tu lugar, Rino. Pero no puedo dejar que mi familia se caiga a pedazos. —Su mirada se desvía hacia Cole, todavía con ese enojo—. Quiero que tú, Alex, te cases y le des una madre a tus hijos. Y tú, Rino, si quieres que la empresa sea tuya, también debes casarte. —No estamos en el siglo pasado, abuela —refutamos. —Las cosas se hacen como yo digo. Están convirtiendo nuestro apellido en el hazmerreír de la sociedad. Rino, te casas o, si no, te quedas con los planes que tu padre tiene para ti. Y Alex, encuentra una esposa decente. —¿Si me caso, entonces puedo ser el CEO y vivir con Garrett? —pregunto, y mi abuela asiente. —¿Y si no me caso? —pregunta Alex. —Si no te casas, perderás tu propio negocio en ese pueblucho de donde sacaste a la puta que solo busca tu dinero. Y si pierdes eso, ¿qué harás? —Me estás chantajeando, abuela. —Estoy poniendo orden. —Ella se levanta del sillón—. La cosa es esta: el que se case en menos de ocho meses será el CEO y tendrá lo que quiere. —¿Podemos elegir a la mujer que queramos? —inquiero. —Siempre que no sea una arribista o una bailarina. Tiene que ser de buena familia… Necesitamos buena imagen. Alex y yo compartimos una mirada. Esto no era lo que queríamos, pero las reglas siempre las pone la abuela, y yo tengo mucho que ganar, como también mucho que perder. —Está bien. Buscaremos esposa. Ella sonríe satisfecha. Luego, golpea su bastón para levantar a Cole y se lo lleva dentro de la casa como a un niño pequeño. Alex pronto se retira para ir ver a su hijo y me quedo solo, pensando en lo que pidió la abuela. Casarme no estaba en mis planes, pero es una oportunidad de oro… Levanto la mirada hacia el balcón que da al jardín. Veo a mi hermano menor, Garrett, sentado en una silla de ruedas con un rostro de profunda tristeza. El corazón se me aprieta. No voy a permitir que Garrett sufra más. Si la abuela quiere que me case, pues le daré eso. Solo que elegiré a quien yo quiera… después de todo, mi elección es una chica de buena familia. Enemiga. —Señor Rino… —Oddeo regresa conmigo, tiene un aspecto de complacencia que me desconcierta—. La señorita Angelina está aquí. Dejo escapar un suspiro resignado. —¿Qué quiere que le diga? Mi mirada se desliza hacia el reloj que he sacado de mi bolsillo. La pieza brilla, la W del apellido Wright provoca un montón de sensaciones, una turbulencia que me recuerda aquella noche en la que le pedí a Morgan que esperara. Ella prometió hacerlo, y yo prometí cumplir… —¿Señor…? —Iré en un momento. Tras escuchar eso, se retira. Señorita Mozart… Ojalá puedas esperar, ojalá soportes todo el drama que se avecina hasta que podamos estar juntos. Mi señorita Mozart. Mi anhelo más dulce.
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