Me quedé en el balcón, completamente inmóvil, con la esperanza de que la oscuridad me cubriera lo suficiente para no ser descubierto. Charlott, a pesar de estar tan desesperada hace un momento, pareció calmarse al darse cuenta de que intentar que saltara era una mala idea. —Quédate ahí y no hagas nada, ¿entendido? —susurró mientras abría la puerta para recibir a su padre. La puerta se abrió de golpe y apareció Raúl, con su figura imponente y su presencia que nunca pasaba desapercibida. Desde mi rincón, en el balcón, podía escuchar claramente todo lo que sucedía dentro. —Perdona, Charlott, olvidé mi cartera. Solo vine a buscarla. —Está bien, papá —respondió Charlott, con la voz un poco más aguda de lo normal, probablemente nerviosa porque yo estaba a pocos metros. Desde mi posición inc

