NARRADOR
19 de mayo.
Veintiún años atrás.
—Madre— habló el chico —¿Cómo te encuentras?
—Temo que no podré llegar hasta esa ciudad contigo— la mujer, quien se encontraba moribunda en la cama, tocó la mejilla del chico de apenas doce años. —Por favor cuida a tu hermana por mi— dijo eso entre susurros.
La mujer murió y dejó huérfanos al muchacho y a la pequeña recién nacida, eso hubiera sido bueno si ellos hubieran estado en un mundo seguro, pero esta vez su destino fue diferente. El joven muchacho tuvo que cuidar a su hermana en un mundo lleno de infectados.
Al principio fue difícil, pero luego ambos se adaptaron al nuevo mundo.
—Theo— la chica llamó a su hermano entre susurros —¿Qué es lo que le pasa a los infectados?
Ambos chicos estaban dentro de la tienda de conveniencia en la que habían vivido por casi dos meses. Miraban cómo era que los infectados se dirigían todos en una sola dirección.
—No lo sé, Ely— respondió y se dio la vuelta —Vámonos, aquí ya no hay nada— caminó hacia la salida de emergencia.
La chica se giró y caminó detrás de su hermano.
La puerta fue abierta antes de que el chico la abriera. —Te lo digo, viejo, tú madre no debe estar lejos— dos chicos entraron.
Al hacerlo Theo se puso alerta. Saco rápidamente su arma y apunto hacia ellos —Ely— llamó a la chica —Ponte detrás de mi— miró amenazante a los dos hombres. La chica asintió y lentamente caminó.
—Guau— el chico pelirrojo los miro —Si que es un milagro encontrarse a alguien más en este mundo.
—Aléjense de nosotros— amenazo Theo —No quiero hacerles daño.
El hombre pelinegro caminó y rodeó al hombre rubio —No me meto con débiles— siguió caminando —No tengo tiempo como para perderlo con ustedes.
El pelirrojo miró al pelinegro y luego miró a los hermanos —lo siento, él no ha estado de buen humor últimamente— hizo una pequeña reverencia, luego fue a alcanzar al pelinegro —Oye— susurró —¿No crees que fuiste muy grosero con ellos?
—Silencio— dijo el pelinegro, mirando en una sola dirección.
El pelirrojo miró en la dirección que él y vio el extraño comportamiento que habían adaptado los infectados —¿Es tu madre?— cuestionó mirándolo de nuevo.
—Eso creo— una sonrisa apareció en sus labios.
—¿Qué esperas para ir?
—Dame un segundo.
El rubio tomó la mano de su hermana y se acercó a donde él pelirrojo y el otro se encontraban —¿Saben que sucede con los infectados?
—Bueno— el pelirrojo lo miró —Si mis sospechas son ciertas se trata de la madre de Ben.
—¿A que te refieres?— preguntó confundido.
—Bueno, digamos que existen infectados que no son salvajes.
El rubio comenzó a reír —Por favor, eso es ridículo.
El pelinegro abrió la puerta —Estoy listo— susurró antes de comenzar a caminar en dirección a ese gastado hospital.
—Oye— el rubio susurró —Detenlo.
—Hay— el pelirrojo movió su mano —Déjalo ser, esta es la primera vez que ve a su madre en cinco años.
El rubio quedó boquiabierto ¿Como alguien arriesgaría su vida de ese modo?
(...)
El número cuatro caminó y pasó de largo s todos los infectados que se habían aglomerado alrededor de Claris. Una vez se encontró con su madre caminó hasta ella —Por fin te encontré, Cero— se rebajó a su altura, colocándose en cuclillas —Sabes que no puedes estar mucho tiempo en contacto con los demás infectados— la tomó en brazos y también llevó consigo la bolsa que la mujer sujetaba con fuerza —¿Es que quieres morir?— una vez tomando e no sus brazos regreso con ella hasta donde él pelirrojo lo esperaba.
—¿Es ella?— cuestionó el pelirrojo acercándose a donde el número cuatro se encontraba —Al fin la encontramos, el líder se pondrá contento— sonrió feliz.
—Respecto a eso— llevó el cuerpo de Claris hasta la mesa de acero que ahí se encontraba —No pienso volver a ese lugar y dudo que tu vallas.
—¿Estas bromeando?—El pelirrojo se acercó rápidamente.
—No, Sam— respondió Ben —Se que ese viejo quiere matarnos, serias un tonto si vuelves.
—Entonces ¿Qué haremos?
—Buscar a mi hermano y luego nos vamos lejos.
—Oye, si tú madre está aquí, tu hermano debe estar cerca.
—No lo creo.
—Bueno, esperemos a que tu madre despierte y le preguntamos sobre él.
—Bueno— se giró —No tardará en despertar y si despierta enloquecida solo golpea su rostro— metió la mano a su bolso —Saldré a fumar.
—Si, claro— el pelirrojo susurró —como tú no corres el riesgo de morir— dijo balbuceando.
—Entonces— el rubio se acercó —¿Todo lo que me contaste era cierto?
—Por supuesto— habló acercándose a donde Claris reposaba —Ella es Cero, el origen de todo este caos— miró al chico —Bueno, no tanto así, pero los científicos locos utilizaron sus células madre para crear el virus z— ahora miró a Claris —Como te dije, ellos trataban de crear el soldado perfecto y las células del proyecto cero lo tenía todo, ella era un milagro de la naturaleza. De sus células madre sólo pudieron crear a cinco personas que no fueron capaces de perder el control de su propio cuerpo, dos de ellos, sus hijos y los otros tres son niños huérfanos, como yo, el número uno y el número dos.
—Y ¿La propuesta que me hiciste sigue en pie?
—Por supuesto— sonrió —Ben se emociona cuando ve personas normales, no lo malinterpretes, pero es casi imposible encontrar a alguien que no esté infectado en estos tiempos— rió.
—Bueno, entonces iremos con ustedes, mi hermana tiene que sobrevivir.
—Ella es muy buena, se ve que supiste cuidarla y educarla bien, pese a que tu madre se fue pronto.
—Es lo único que me queda.
—Erick— Claris soltó pequeños susurros. Ya estaba recuperando la conciencia.
El pelirrojo acudió a ella y espero impaciente a que despertara por completo. Una vez lo hizo se levantó bruscamente y miró confundida a los cuatro chicos que la miraban.