—Alístate Cero— habló Rayan, el líder del escuadrón al que me asignaron —Salimos en media hora.
—Si, jefe— dije tomando mi armamento y todo lo que me brindaron en la tropa. Una vez lista me encamine hasta donde Alan se encontraba.
—Buen viaje— habló él —Te veré pronto.
—Cuídate y cuida a los demás— sonreí para el —En ñ vi especial cuida a mi pequeño Ronny— toque su mejilla —Te veré cuando vuelva.
Alan se acercó a mi y me dio un abrazo —Voy a extrañarte— susurró él.
—No me iré por siempre— correspondí su abrazo —Solo serán unos días y volveré lo más pronto como me sea posible— me soltó y me di la vuelta —Recuerda ir a tu puesto de trabajo, no te duermas tarde y cuida la casa, por favor.
—A la orden, jefa— dijo mientras me veía marchar.
Estaba a punto de salir de nuevo, ya no tenía miedo a los infectados, ya que yo era uno de ellos.
Subí al auto que me dieron, en el viajaría junto con el líder del escuadrón y otros dos chicos, mientras que en el otro viajaría Doris y otros tres reclutas.
Me puse el cinturón de seguridad, encendí el auto y comencé a seguir el auto que iba delante mío.
—Entonces, Cero— me llamo el chico que iba en el asiento del copiloto —Cuéntanos mas sobre tu vida ¿Cómo es que sobrevivieron aquí afuera tu y tu hijo?
—Bueno— dije sin despegar la vista del frente —Estuve inconsciente todo este tiempo, pero supongo que te adaptas a las circunstancias, tal como lo hizo él.
—¿Tu hijo cuidó de ti todo este tiempo?
—Creo que si— susurre —Me perdí toda una vida, no pude verlo crecer, no pude enseñarle todo lo que sabía y tampoco cumplí la promesa que le hice— hablé refiriéndome a mi bebé Ronny.
—¿Qué promesa?
—Le prometí que le enseñaría a disparar un arma cuando fuera mayor, pero luego ocurrió aquel accidente y no pude hacerlo.
—¿Por qué decidiste unirte a los recolectores?— pregunto Rayan.
—Extraño el exterior— lo mire de reojo —¿Qué hay de ustedes?
—Bueno, mi padre murió en una misión— habló Rayan —Me refugie en los recolectores y ahora estoy aquí, siendo su líder.
—Yo no lo se, solo fue por capricho, supongo— hablo el chico que iba en el asiento detrás de mi.
El otro chico solo se limitó a mirarme y no dijo palabra.
—El no habla mucho— susurró Rayan —Pronto te acostumbrarás.
Después de esa pequeña charla el silencio abundó dentro del auto, conducimos por el resto del día, al anochecer cambiaríamos de piloto para que yo descansara un poco, pero sería mejor que ellos lo hicieran.
Ahora no me sentía cansada y no tenía esa abrumadora sensación de cansancio, seguí al auto del frente por el resto de la noche, si que el camino estaba largo.
Una vez estando en el lugar buscamos todo tipo de suministros, como comida, municiones, medicamentos, primeros auxilios y demás cosas necesarias.
Antes de comenzar comimos un pequeño refrigerio y luego nos dividimos en pequeños grupos, a mi me tocó ir con el chico que se limitaba a mirarte y así comenzamos a revisar casa por casa.
Antes de entrar a una de las casas el mareo que me indicaba que un infectado estaba cerca, me inundó. Tome mi arma y le indiqué al chico que se mantuviera alerta.
Entramos a la casa y efectivamente uno de ellos se encontraba ahí dentro, este se abalanzó rápidamente hasta donde él se encontraba parado, pero algo dentro de mi subconsciente se activó y lo hizo frenarse.
¿Que pasaba? ¿Yo había hecho tal cosa? ¿Yo podía controlarlos?
Solo fue coincidencia, así que rápidamente tomé mi cuchillo y le perforé el cráneo. El chico me miro y asintió, creo que me agradeció por haberlo salvado. Revisamos la casa y tomamos todo lo que seguramente se necesitaría en Pandora.
Al atardecer ya habíamos terminado de conseguir todo lo que necesitábamos así que nos reunimos el el punto medio para comer algo y descansar.
—Tomare la primera guardia— habló Denis.
—Está bien— habló Rayan.
—Yo tomare las siguientes— hable yo.
Ya que no sentía la necesidad de dormir eso me serviría de utilidad para cazar mi alimento, así todos ganábamos, ellos descansarían mientras yo conseguía lo que necesitaba.
(…)
Al darse mi turno mande a la chica a dormir. Cuando me asegure de que nadie se daría cuenta de mi ausencia me escabullí hasta la puerta y salí de la casa en la que estábamos todos. Salí silenciosamente y después me dirigí a buscar algún animal pequeño para poder cazarlo. Encontré un par de conejos, así que eso fue lo que le llevaría a Alan para la comida.
Una vez tuve a mi caza en las manos, regresé de nuevo a la casa, metí la carne en una bolsa negra y luego los puse dentro de mi mochila.
A la mañana siguiente tomamos todas las provisiones y las metimos a los autos, y con ese gran botín regresamos a la colonia.
Cuando llegamos Alan ya se encontraba esperándome. Una vez me vio corrió a abrazarme —Ma alegra que haya vuelto a salvo— dijo un poco preocupado.
Correspondí su abrazo —Te lo dije, volvería pronto.
Mire a los demás chicos, a Rayan lo esperaba su madre y una chica de entre quince a dieciséis años. Al chico que se enlistó por capricho lo esperaban sus padres y una mujer de su edad, al parecer ella era su novia. A Doris la esperaba su padre, a otros dos los esperaba una mujer casi parecida, su hermana, tal vez. Al penúltimo lo esperaba su abuela y al chico reservado simplemente nadie vino a recibirlo.
—¿Trajiste la carne?— preguntó Alan.
—Si, está en la bolsa plástica— le entregue mi mochila —Ve a casa, come y guárdame un poco ¿Esta bien?
—¿Qué harás tu?— preguntó de nuevo —Quedamos en comer juntos cuando volvieras.
—Tengo algo pendiente— me di la vuelta.
—¿Puedo ir contigo?
—Solo si guardas silencio— comencé a caminar.
—¿A donde iremos?— pregunto.
—Te dije que guardaras silencio— lo mire.
—Tengo curiosidad.
—Quiero conocer a alguien.
—¿A quién?
—Un chico de mi escuadrón.
—¿Cual es su nombre?
—Haces muchas preguntas, Alan.
—Te lo dije, tengo curiosidad.
—Como sea, solo camina.
(…)
Una vez llegamos a la casa en la que vivía me encamine a la puerta y antes de tocarla el aroma a sangre llego a mi nariz y a la de Alan también.
Mi curiosidad ganó, así que me dirigí al lugar de donde provenía y lo vi a él con un cuchillo en sus manos, estaba cortando a lo que parecía ser un conejo, luego tomo un pedazo de carne y se la comió, la saboreo y continuó caminado.
Fue en ese momento que me di cuenta de que él era igual a Alan y yo.
¿Cuántos más había como nosotros?