Emiliana –Pero miren nada más a quién tenemos aquí, a la hija pródiga. ¿Qué sucedió con usted señora Fioretti? Creí que era feliz junto a su marido ¿Tan rápido se deshizo de usted? La forma en la que mi madre apareció en el comedor pareció ser premeditada. Al parecer ya sabía con qué palabras atacarme y había esperado ansiosa por nuestro encuentro. La ignoré por el bien de ambas. Continué jugando con el desayuno que me estaban obligando a ingerir mientras me limitaba a beber un poco del té que creí aplicaría mis nervios. –Lo sabía, ese hombre solo te quería para un rato Emiliana. De nada te sirvió que se casara contigo y se luciera por todas partes. Ya sabes, a veces cuanto más alto es el vuelo, más dura es la caída. Dejé la cuchara con la que removía la infusión a un lado para ded

