Angelo –¿Debería dormir tanto? Está ahí tan quieto, mi bebé no debería estar en esa cama. Los sollozos de mi madre me devolvieron la conciencia y trajeron de plano al mundo real. Las luces blancas en el techo me golpearon directo a la cara cuando abrí los ojos. –¿Angelo? ¡Angelo, mi pequeño! ¡Estás despierto! El pequeño bloqueo auditivo producto de la exposición al ruido continuo de balas me hizo tardar más en comprender la situación. Mi madre me tomó de la mano y su rostro demacrado me llevó a pasear por todos mis últimos recuerdos. Alonzo reducido, una bala entrando a mi cuerpo, el tiroteo y una Emiliana rendida, abatida y sumida en la humillación solo para salvarme. –Emiliana… –logré decir a duras penas e intenté ponerme de pie, pero el dolor en la espalda no me lo permitió–

