Emiliana La vida era como un elevador para mi. Siempre sería igual. Tan solo horas antes disfrutaba de la compañía de Angelo mientras descubría la gran pareja de baile y el excelente amante que podía ser, capaz de volverme loca con tan solo un beso. Las imágenes de ese mismo hombre recibiendo una bala que era para mí me obligaron a despertarme de sopetón a causa de una terrible pesadilla. Unas caricias en mi rostro trataron de tranquilizarme y estuvieron a punto de lograrlo cuando imaginé que provenían del tacto suyo, sin embargo, aquellas manos ásperas y frías no le pertenecían. Abrí los ojos enfocando bien la vista hasta toparme con el rostro del hombre que mi corazón y cuerpo repudiaban por completo. Santino Testa. –Buenos días princesa mía. ¿Buenos días? ¿Qué rayos? ¿Tanto

