Angelo La siguiente semana fue lo más parecido al cielo para mí. Santino nos dio un respiro de cuatro días, tiempo en el que no supimos nada de él o sobre su existencia. Ese periodo de libertad provocó que Emiliana fuese el apoyo y medicina que tanto necesitaba. De la chica renuente ya no quedaba mucho, la de ahora se la había pasado cuidando de mi reposo absoluto. Descubrí lo interesante que era conversar con ella sobre temas que no tenían mucho que ver con nuestros problemas, también lo bonita que se veía durmiendo pacífica a media madrugada (porque pasaba algunas noches despierto cuidando de sus sueños). Para el quinto día supe que ya había tenido suficiente de holgazanear, así que tomé el primer auto a la vista y la subí en él para dirigirnos hasta nuestro siguiente destino. Sus

