29 de julio de 2016 Me incliné hacia delante y abracé mis rodillas. Hipé una vez más y me pasé la mano por la mejilla para quitarme las estúpidas lágrimas que corrían por mi rostro. Estaba dentro de la tina, el agua estaba tibia, pero sentía mi corazón congelado y fragmentándose en minúsculos pedazos de hielo. Esa noche, los recuerdos fueron más despiadados que de costumbre. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil? ¿Por qué no lo dejaba ir? ¿Por qué no lo superaba? Tantos años creyendo que Antoine era solo un recuerdo lejano, el que evitaba rememorar a toda costa, porque de solo pensarlo, removía miles de sentimientos dentro de mí. Solo bastó una sonrisa para que todos esos años de superación, templanza y madurez… se fueran a la mierda. Me sentí irracional. ¿Qué diablos estaba haciendo

