Él negó con la cabeza y cerró sus ojos con fuerza. —Perdóname, Anely, por mi egoísmo, por no poder mantenerme alejado de ti… perdóname, por favor, por… por… —balbuceó entre sollozos—, por hacerte de nuevo esta mierda, por hacerte llorar y sufrir. ¡Maldición! —golpeó el colchón con el puño cerrado—. Detesto verte llorar. Me hace sentir tan… miserable. Traté de abrazarlo, pero él levantó los brazos entre los dos. —Hace trece años atrás, cometí el error más grande de mi vida, al dejarte ir. Te traté muy mal, te humillé y sé que todo lo que me está pasando, de cierto modo es mi castigo, por ser un maldito imbécil con la única persona que me ha amado de verdad. —No, Antoine. No digas eso. No… —intenté discutir. —Déjame hablar, Anely. Por favor. Necesito drenar esto que tengo adentro y que

