No sé cuánto tiempo pasaría. ¿Tal vez unos cuarenta minutos? No estoy segura. Estaba tan sumida en mi celular, revisando mis r************* , cuando sentí que alguien tocaba la puerta. Di un respingo sobre la cama y dejé mi móvil sobre la mesita de noche. Me apresuré en abrir la puerta para ver quién era, asumiendo que no podía ser Antoine, pues él no tenía necesidad de tocar la puerta de su propio cuarto. Al abrir la puerta me encontré con la mirada nostálgica de la señora Ivette, quien sonreía a medias. —Antoine no se siente bien —mi corazón se aceleró e hice un amague de salir corriendo para socorrerlo, pero mi suegra me puso la mano en el pecho, frenándome—. Está recostado en el mueble —me dijo—. ¿Podrías decirme donde están algunas cosas? Me gustaría prepararle un té. Asentí con l

