Los días siguieron su curso, y sin darme cuenta me vi sumergida entre un montón de revistas referentes a planificación de bodas. Perdí la cuenta de las veces que le dije a Gabrielle que quería algo muy sencillo, pues nunca he sido partidaria de las celebraciones ostentosas ni mucho menos. Mi madre llegó faltando una semana para la boda. Ella, junto a mi hermanita y mi mejor amiga, me acompañaron a elegir mi vestido de novia, el que terminé encontrando en la sexta tienda que visitamos. Me decanté por un modelo de falda larga, pero de corte simple, de tela chiffon sobre raso blanco. El busto era de encaje, de cuello halter, cuya única tira descendía por el centro de mi espalda, en línea recta, hasta llegar a unirse a la falda a nivel del área lumbar. Sin velo, pues Gabrielle se ofreció a h

