Desperté muy temprano y sin perder tiempo salí de la cama. Antoine dormía plácidamente, pues hasta roncaba. Lo miré uno cuantos segundos y sonreí, guardando esa imagen en mi memoria para siempre. Gabrielle me acompañó a hacer algunas diligencias. Pudimos visitar algunos lugares modestos para la recepción de la boda, pero ninguno cubrió mis expectativas. Todos eran demasiados pomposos y se salían de mi presupuesto. Finalizando la tarde, mi amiga me convenció de ir a ver el salón de fiestas del club de golf al que pertenecía su padre. ¡Y lo mejor del caso era que no tendría que pagar ni un centavo! Ya que cada m*****o tenía derecho a disponer del lugar cuando lo quisiera, y el señor Bresciani estuvo dispuesto a gestionarlo todo, por petición de su hija. Era un sitio precioso, aunque muy g

