El primer golpe llegó de forma silenciosa, disfrazado de casualidad. Una semana antes de la boda, ciertos documentos privados sobre el patrimonio de Emilia aparecieron filtrados en un periódico local. El artículo insinuaba corrupción, favoritismos y hasta fraude vinculado con la herencia de Ignacio Palacios. Aunque nada estaba probado, el daño a su imagen fue inmediato. Alexander contuvo la tormenta con llamadas a abogados y comunicados urgentes. Emilia, aunque firme, sintió cómo la vieja sombra de Ignacio se cernía sobre ella. La gente susurraba de nuevo, reviviendo el rumor de que había sido capaz de matar a su difunto esposo por dinero. Lo que debía ser una semana de ilusión se convirtió en días de defensa y desconfianza. Emilia sospechó de inmediato: solo alguien cercano podía haber

